Misericordia - Segunda Parte

Hola,

Llevo mucho sin pasar por aquí. Contar lo que he vivido en estos meses que estuve ausente es demasiado, muy doloroso y no tengo energía para hacerlo. En la última publicación pedí por misericordia y sigo pensando lo mismo. No hablaré de lo que he sufrido porque sé que muchos me han visto llorar de dolor en la calle o con mi cara de sufrimiento, y si eso es lo público, lo que ha pasado en privado es difícil de recordar.

Han usado mi vulnerabilidad en contra mía. No voy a decir que todo lo que he sufrido ha tenido un propósito, porque Dios es un Dios misericordioso y liberador. Entonces confundimos los engaños y la maldad humana como “parte del proceso de Dios”, y eso se ha vuelto nuestra estrategia mental de control y perseverancia. Pero discernir entre una y otra es lo que te indica que tienes a Dios en tu corazón, porque a veces vivimos procesos por circunstancias que otros crearon de forma indirecta o directa para nosotros, por decisiones que tomamos, por situaciones aleatorias de la vida, y no siempre el proceso que vivimos fue porque Dios lo quiso así. Porque de ser así, el libre albedrío no existiría. Y así como usted tiene libre albedrío, lo tienen todas las personas del mundo: para hacer el bien o el mal, para ayudarlo, para lastimarlo, para ponerle trampas o para guiarlo por caminos de prosperidad. Entonces, que Dios permita muchas cosas no significa que ese era el propósito de Dios o el proceso que Él tenía para su vida.

En el último capítulo de este blog hablé de que yo creía en un Dios misericordioso y he pedido misericordia a pesar de todo lo que he visto y he pasado. Le he cuestionado a Dios muchas cosas, incluida su falta de misericordia, porque, como he dicho muchas veces, me gusta quejarme. Y como entiendo que Dios me escucha, pues me quejo también con Él. En medio del dolor y la desesperación, mientras leía el final del capítulo de un libro que busqué con los ojos cerrados, encontré la frase que decía “Esperanza de liberación por la misericordia de Dios”. Lo encontré de forma aleatoria y no hablaré del capítulo o el libro, pues fue esa oración la que tocó mi corazón. Había sentido la necesidad de volver al blog, pero no sentía publicar nada, pues no estaba segura de si debía volver, pero cuando leí esa frase supe que debía continuar este blog justo en el tema donde lo dejé, pues había llegado el momento de volver.

Cuando leí “Esperanza de liberación por la misericordia de Dios” por primera vez, la interpretación que le di fue que todo pasa por el propósito de Dios, y aunque en ese instante lo creí, empecé a cuestionarle a Dios por qué he sufrido tanto. Pero al leer la frase una y otra vez —pues no se me salió de la cabeza— mi alma la interpretó de forma diferente. Con gentileza y compasión me recordó que en el mundo todos tenemos libre albedrío, y eso aplica para hacer cosas buenas o malas. Me invitó a cuestionarme si indirectamente me han guiado a la desgracia o a la prosperidad, al sufrimiento o a la alegría, al dolor o al bienestar, a la salud o a la enfermedad. Me invitó a reflexionar sobre cómo han usado su libre albedrío las personas que me rodean, cómo me ha afectado eso y cómo me responsabilizo a Dios. Y con esto no quiero exonerarme de la responsabilidad por mis acciones; sin embargo, no vivimos solos en el mundo. Nuestras decisiones están preprogramadas por las circunstancias y situaciones que hemos vivido.

Entonces pregunto: ¿cómo has decidido usar tu libre albedrío en relación con las demás personas? Porque si algo me da paz es que sé que he usado el mío para desearle el bien a las personas y guiar la prosperidad a su vida. Entonces quiero que hagamos el siguiente ejercicio: si me conoces, ¿cómo has usado tu libre albedrío conmigo? He hecho el ejercicio con algunas personas de forma muy interna y me ha invitado a reflexionar sobre muchas cosas. Debemos usar nuestro libre albedrío de forma positiva, porque cuando no lo hacemos, es a Dios a quien le llegan todas las quejas, y Dios puede ser omnipresente, pero las personas no del todo.

He visto pocas personas presentes este año; me pregunto de qué forma han usado su libre albedrío, con qué intención y por cuántas cosas me habré quejado con Dios… de situaciones que provocaron hombres (humanos). Son algunas de las preguntas que me he hecho en estos días. No busco tener razón, porque mi verdad no me la quita nadie. Reconozco mi ignorancia en muchos temas, porque no puedo saberlo todo, pero nadie que no hable y actúe por mi libertad puede venir a hablarme de Dios, porque como leí: “Esperanza de liberación por la misericordia de Dios”, si usted no tiene misericordia conmigo, no tiene derecho a venir a hablarme de Dios, porque usted no lo conoce. 

Mis opiniones son tan mías, tan personales, tan intrínsecas a la reflexión de mi pensamiento, que me han permitido crear una identidad bastante sólida. Puedo cambiar de opinión y hacer lo que yo quiera; cuando creas identidad, brinques, saltes o patalees, siempre va a tener tu huella. Por eso siempre quiero recordarles a las personas que son únicas, diferentes, y eso hace que seamos especiales.

En el calendario general este año se está acabando, y aunque llevo mi propio calendario, este es un mes para soñar, planear y manifestar, pero también para agradecer y entender que uno debe vivir en sus propios términos, con su propio calendario, en su propio proceso y amar lo más que se pueda en el camino. Me despido con BAILE INOLVIDABLE de Bad Bunny y voy a agregar la canción a la lista de reproducción, porque I’m back.

PD: Te amo, te perdono y te agradezco seguir con vida. Sigo sin saber qué va a salir de esto, pero me cumplo a mí, y dije que si entendía que este era mi lugar, volvería, y eso ya se cumplió.

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