Un día de feria
Hola!!
Feliz inicio de octubre, hoy escribo desde un lugar muy especial para mí, el cual es la Biblioteca Nacional de mi país. Es uno de mis lugares favoritos, así que pensé en cambiar la dinámica y desempolvar mi teclado mecánico, con el que solía programar, para escribir con luces lindas e inspirarme un poquito mas el dia de hoy, pues este es un lugar donde he vivido bonitos recuerdos y en zona se encuentran muchos rincones que amo de mi ciudad.
Este es un día especial porque se celebra la feria del libro, una actividad donde solían hacer viajes escolares cada año. Caminar por estas calles un día como hoy me llena de alegría y lindos recuerdos de mi temporada escolar. Sin embargo, hubo un día que cambió mi vida para siempre. No sé si lo he comentado antes, pero me educaron mucho los libros que he leído, por eso hay libros que son hogar para mí. Entonces, hace algunos 10 años más o menos, empecé a leer a Carlos Cuauhtémoc y mostré interés por leer un grito desesperado. Mi tío me escuchó y un día de feria me lo compró, sin saber que ese pequeño libro cambiaría toda mi vida.
Pues me hizo consciente de lo tóxica que era la dinámica familiar que vivía en el día a día.
Me educó y me motivó a cambiar, a ser mejor, a no querer repetir los mismos errores cuando me tocará construir mi propia familia. Surgió en mí el deseo de querer reparar a mi familia, pues eran ciegos de su propia enfermedad. Ese libro significó tanto para mí en ese momento que no tengo ni palabras para explicarlo, pues en una dinámica donde siempre era la que estaba mal, por no tolerar malas actitudes, aquel libro me enseñó que era la más cuerda, aunque parecía la que siempre estaba al borde de la locura.
Por eso, aun cuando no tengamos a nadie que nos aconseje, siempre habrá libros que son hogar, que te van a mostrar otra perspectiva y otra realidad, que te van a motivar a mejorar. Vas a querer ser mejor, vas a aprender a ponerte en los zapatos de alguien más y, cuando la historia tenga cierta similitud con la tuya, vas a entender que algo necesita cambiar. Recuerdo que duré meses observando el comportamiento de mi familia, haciendo mis notas mentales sobre qué tan cierto era mi nuevo descubrimiento, hasta que no tuve más dudas de que tenía razón. Intenté compartir mis hallazgos para motivarlos a querer mejorar, pero estaban tan cómodos en su toxicidad que prefirieron justificarse y tacharme de exagerada por decirles la verdad, porque es mejor atacar al mensajero que cambiar el comportamiento que lastima a las personas que te han de rodear.
Esta es la razón de que, años más tarde, una vez más, quisiera el libro de vuelta, porque la fuerza, inteligencia y dedicación de mi versión más joven es algo digno de admirar. Pues hacerle frente a toda tu familia, luchando por un trato justo y gritando lo que estaba mal, es algo de lo que nunca me voy a arrepentir. Fueron muchas lágrimas las que derramé, muchas discusiones las que enfrenté, muchos sermones que decían que no estaba bien mi actuar, pero al final del día era la única con una voz coherente y madura en aquel lugar. Me mantuve fiel a mi verdad y, aunque tal vez no logré que mejoraran en totalidad, logré definir qué cosas en mi vida no estoy dispuesta a tolerar, qué cosas no quiero que mis hijos tengan que soportar y qué tipo de persona busco para construir un futuro en el que podamos crear una familia funcional. Porque el ciclo de disfuncionalidad se rompió el día que me propuse no ser igual que mis antepasados. Porque mientras existan los libros, yo siempre estaré dispuesta a educarme para mejorar cada día un poco más.
Octubre era uno de mis meses favoritos, pero en los últimos años me ha dado grandes golpes. Sin embargo, este año quería iniciarlo con lindas vibras, y no hay una manera más linda que iniciarlo agradeciendo seguir con vida y leyendo nuevas historias, para alimentar mi imaginación un poco más. Así que, aunque tal vez no encontrara el libro que vine a buscar, me llevo 4 libros de poesía para explorar el mundo de alguien más. Compré libros por un dólar, así que espero que muchos puedan llevarse un libro a casa este año.
Voy a compartir algunos de los poemas que me gusten de los libros que me llevaré a casa, pero en esta ocasión voy a compartir un pequeño fragmento de un poema que encontré en el libro que decidí donar, para que algún curioso lo encuentre.
La parte superior de la página decía Profesión de fe. El autor se llama Alfredo Villanueva Collado. Encontré el libro en la editorial de Puerto Rico, no lo he leído, pero decidí devolverlo a la vida de la manera espontánea que llegó a mí. Espero que algún día encuentre su lector. Solo leí el último poema y el fragmento final dice así:
Casado con un deseo
que no se cumple pero que
se deja acariciar de vez
en cuando se me tira encima
y se hunde.
Entre la inocencia y la
manzana, el amor y la
guerra, los otros y el
vacío, extiendo el puente
de mi cuerpo vivo.
Lo transcribí como estaba en el libro, espero que algún día encuentre su lector. Me despido con mis canciones del día: la primera se titula El blue del ping pong, de Rita Indiana. Ando en modo alternativo hoy, continúo con Pororo y su tema pa’ lo callao, porque mi próxima lectura me tiene algo romántica. Mañana les compartiré un fragmento del libro que encontré; me lo recomendaron las personas de la editorial, fueron muy amables y solo voy a adelantar que el capítulo 1 se titula El viaje de los besos. Este mes me propuse leer un par de libros nuevos, en esa lista está El sueño de una noche de verano, de Shakespeare. Y como vivo en un lugar donde es verano todo el año, ando cantando Caracolita, de Riccie Oriach, porque esta Taína es una lumbrera y ando experimentando el fuego de la pasión por volver a las cosas que me gustan.
Así que los dejo, seguiré viendo la feria y recordando algunos momentos que he vivido en este lugar. XOXO
PD: Te amo mucho, te perdono, te agradezco seguir con vida y deseo que seas feliz.
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