Ser Mejor

Holis!!

Ayer me encontré un buen samaritano que me recordó algo que mi abuela solía decirme de pequeña, y es que el agua no se niega. Esos pequeños detalles de bondad, que a veces significan tanto, me recordaron cómo se ha perdido la sensibilidad por el samaritano con el paso de los años. He ido a negocios donde no me pueden vender una botella de agua porque tienen un monto mínimo para facturar con tarjeta, y hay lugares donde fácilmente ni te dejan entrar solo por una botella de agua.

Aunque privilegiados somos los que podemos comprarla o obtenerla de forma sencilla, porque en el mundo hay personas que sufren por la sed y otros deben beber agua que no sabe bien por necesidad. Incluso en mi país había un comercial que decía: “Porque bebí de esa agua…”, ya que muchos niños se enfermaron por consumir agua que no era apropiada para el consumo humano. Gracias a Dios, hoy en día no es algo frecuente, pero esos pequeños detalles nos motivan a ser agradecidos con lo que tenemos en la vida.

Hoy estoy agradecida de que me hayan regalado agua, porque honestamente entré a ese lugar creyendo que ni me la venderían, como ha pasado anteriormente, y ese pequeño gesto me recordó que podemos encontrar bondad en los lugares más aleatorios. Porque ¿quién diría que sentí más bondad en ese liquor store que en iglesias que he visitado? Aunque nadie me predicó, salí con el mensaje de que uno siempre debe tratar de ser buen samaritano.

Lo cual me hizo recordar otros buenos samaritanos que me he encontrado en momentos en que tenía sed, como aquellos cristianos que una tarde en el Jardín Botánico me regalaron agua cuando estaba cansada, muerta de sed, y la cafetería estaba cerrada. O aquel señor en el parque que, al verme cansada por correr al jugar con mi primito, fue amable y me preguntó si le aceptaba una botella de agua. Son gestos sencillos, que significan mucho.

Recientemente vi un video en Instagram sobre un niño que ahorró para construirles un pozo de agua a niños de África, y se esforzó tanto que lo logró. Incluso de adulto seguía apoyando como voluntario, lo cual me pareció una historia admirable. Me invitó a reflexionar que, desde una botella hasta un pozo, cuando sentimos en el corazón ayudar al samaritano, por lo menos por un instante, la vida de alguien mejora un poco.

En lo personal, he tenido suerte con buenos samaritanos a lo largo de los años. Una vez no tenía efectivo para el metro, no recuerdo bien el contexto, pero sí recuerdo a la señora cristiana que, de forma amable, me regaló el boleto. En otra ocasión me llevé la mochila de un compañero por error, y cuando fui a pagar el bus (guagua) fue que me di cuenta de que no era mi mochila. Sin tener cómo pagar, alguien de la guagua pagó mi pasaje. Y puedo seguir contando anécdotas, porque tengo unas cuantas en verdad; sin embargo, lo dejaré hasta aquí y te invitaré a reflexionar sobre los buenos samaritanos que te has encontrado o si has sido uno alguna vez.

La Biblia dice que por la maldad de muchos, el corazón de otros se endurecerá (o algo así, no recuerdo bien) y es una realidad que me entristece. Una vez estuve muy pendiente de un niño indigente que siempre estaba cerca de la universidad, pero un día caminaba con alguien y cuando fui a ayudar a aquel niño, esa persona me comentó: “Tú ayudas a ese niño, y él está jugando con un celular mejor que el tuyo, ahí sentado”. Eso me hizo reflexionar que probablemente pedir era su trabajo, más allá de una necesidad real. Como esas personas que estaban en el metro todos los días con la excusa del pasaje. Sé que hay muchos casos que hacen que los buenos samaritanos dejen de serlo, pero mi lado más ingenuo cree que eso también es reversible. Hay muchas personas que te motivan a ser buen samaritano y que no las vuelves a ver. Por eso hoy quiero escribir: “El corazón bondadoso de muchos ablandará los que fueron endurecidos”, porque así como hay personas conocidas que, por sus malos actos, no quiero volver a ver, hay desconocidos que han sido muy gentiles y amables con su forma de ser.

Me he encontrado con personas en la calle que emiten mucha paz, y de eso no se habla. Me encontré una chica en el parque que me vendió un coco, la cual era tan gentil y amable que me hizo pensar que más personas así necesita el mundo. Me encontré una monja que era muy serena también, unos señores mayores que irradiaban alegría y conductores de Uber que han sido una grata compañía. Hay tantas personas con una esencia tan linda caminando por ahí, y creo que todos podemos ser una de esas personas; solo debemos cruzarnos en el momento correcto.

Si últimamente andas en automático y no le has prestado atención a las personas de tu alrededor al ir por la calle o cuando vas a comer en algún lugar, te invito a observar un poco más tu entorno, a mirar a las personas a los ojos y prestarles atención. Tal vez alguien te sorprenda con una sonrisa, o tú seas la persona que sorprenda a alguien. Tal vez te encuentres con un buen samaritano o tú seas ese buen samaritano. Puede pasar cualquier cosa o ninguna, pero si de algo estoy segura, es que si observas bien, tal vez veas algo que te invite a reflexionar más allá de lo que en el celular puedes observar.

Ando pensando en mis canciones del día desde ayer, por eso he tardado en publicar. Le pregunté hasta a ChatGPT, pero sin sentir ninguna de las canciones, mejor me fui a dormir. Y aunque sigo en blanco, tengo más inspiración musical que ayer, así que iniciaré con una canción muy linda, que fue casi un mantra para mí, para empezar la mañana de manera bonita. Esta es Somos Instantes, de Caloncho, que nos recuerda que somos seres fugaces, que llegan y se van. Así que vamos a tratar de dejar, aunque sea, un recuerdo bonito de vez en cuando; que una sonrisa no cuesta nada, pero puede regalarte una de vuelta. Y que alguien me sonría, por lo menos para mí, significa mucho. Cierro con Ser Mejor, de la serie Violetta, porque, como dice la canción: “Solo amor, amor, amor y mil opciones de ser mejor”.


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