Pensamientos y palabras

 Hola!!!

Al iniciar el día de ayer tenía buen ánimo, hasta mi sombra tiene buena vibra cuando escucho Gasolina, de hecho, hasta videos de mi sombra bailando hago, porque me lo encuentro divertido. Sin embargo, sentía algo de tristeza por muchas de las cosas que he vivido y, como estaba cansada, decidí envolverme como oruga a llorar y reflexionar al respecto.

Inicialmente reflexionaba sobre la diferencia entre justicia y venganza, desde la perspectiva de la importancia que juega el perdón a la hora de discernir entre una y otra. De la misma manera, pensaba en qué significa perdonar para mí, cómo lo proceso internamente y cómo este concepto ha evolucionado a medida que he ido creciendo y aprendiendo, mientras lloraba por las situaciones que analizaba, para lograr una opinión más concreta y saber cómo me gustaría actuar en un futuro.

Lloro y me quejo mucho (pienso que es de humanos quejarse, es peor guardarlo) por lo que he tenido que vivir, pues es difícil tener deficiencias de salud física, mental o de neurodesarrollo por separado, pero lidiar con más de una es complicado. Por estas y otras razones me envolví como oruga a llorar mientras pensaba.

En lo personal, veo las emociones como un estado transitorio que puedes cambiar si cambias la perspectiva y el enfoque de tus pensamientos y conciencia. Por eso puedo estar llorando de forma desconsolada en la mañana y reír con mucha alegría en la noche. No es que sea bipolar, es porque en la mañana enfoqué mis pensamientos y conciencia en pensar, reflexionar y analizar situaciones que provocan en mí el sentimiento de tristeza, mientras que en la noche me enfoqué en algo que pueda evocar en mí la alegría.

Un ejemplo muy común de esto, por lo menos para mí, es salir con amigos. Esta acción me motiva a ponerme ropa que me quede linda, a salir de la casa y ver un atardecer en el camino. Es una experiencia que, con las personas correctas, puede cambiar totalmente mi perspectiva y enfoque a temas triviales y divertidos con los que es imposible no reírme, porque en ese momento no existe nada más que el momento presente, ese que baila conmigo al son de la felicidad.

Esto es algo que me pasa al pintar, dibujar, salir a caminar, ver una película, escribir y en muchas situaciones donde, independientemente de si tengo compañía o no, puedo buscar emociones más gratas de transitar. Ahora viene la pregunta: ¿por qué no mantienes el enfoque y la perspectiva de tus pensamientos y conciencia en emociones gratas como la alegría todo el tiempo? Y la respuesta va de la mano con lo que hablaba en mi última entrada: enfocarse al 100% en el presente es lo mismo que pensar en nada, sobre el pasado o futuro. Y como aprendimos de Heidegger, la nada es la negación de todo lo que es, y negar algo no significa que no exista. Por eso es importante darle el permiso de existir a nuestras emociones del pasado o futuro, aprendiendo de ellas y sanando lo que nos quieren comunicar, pero con el control mental para permitirnos cambiar de emoción y ver la vida con todos sus colores.

Por eso, cuando me estaba cansando de llorar el día de ayer y pensaba en ver una película, salir a caminar o algo, me apareció en Instagram la imagen de un conversatorio titulado “El Poder de las Buenas Palabras” y, como era en mi alma mater, la Universidad APEC, tenía cero razones para no ir. Así que empecé a reconfigurar mis pensamientos y conciencia para cambiar de emoción, porque ya estaba bueno de andar envuelta como oruga.

Primero busqué algo lindo que ponerme, que fuera cómodo, y luego empecé a recordar cosas lindas de APEC, como cuando soñé con estudiar ahí de adolescente. Pasé un día caminando y la vi tan linda, con esa estatua sosteniendo el escudo, mientras los jóvenes salían y entraban del recinto, que algo dentro de mí dijo: “Quiero estudiar ahí”. Para que tengan contexto, no es de las universidades más costosas, pero tampoco es de las más baratas, y siempre está en la lista de las mejores.

Hice tantos planes que el peor de los casos era estudiar justo a donde quería ir desde un inicio, y fui hasta la embajada de Corea del Sur porque quería aplicar a la beca de intercambio para estudiar allá. Me esforcé tanto que, cuando todo lo que planeé fracasó, terminé estudiando en APEC, que era donde quería ir en primer lugar. Siempre he pensado que si quieres llegar a la luna, debes apuntar a las estrellas, por si te quedas por mitad, te quedes en la luna, que era tu objetivo inicial.

Este fue un lindo recuerdo, porque cuando fui a firmar el libro de egresados al culminar la carrera, grabé un video justo frente a la estatua con el escudo, cerrando mi laptop, simbolizando el final de mi etapa universitaria de grado. Y es un recuerdo muy lindo que tengo, pues, a pesar de no ser la estudiante de índice 4.0, aprendí muchísimo en APEC: desde historia de la informática a sistemas de geolocalización, tomé como cuatro asignaturas de administración (en ese momento las creía irrelevantes y luego las agradecí), contabilidad, proyectos, ingeniería de procesos y otras materias que, aunque se alejaban del área técnica de desarrollo de software como tal, junto a las que sí lo fueron, me convirtieron en un profesional que me llena de orgullo.

Por eso, con esa perspectiva en mente, fue muy grato volver en el mes en que se cumplen dos años de mi graduación, una ceremonia que me llena de alegría al recordarla. Recuerdo ver a mi decana con tanta alegría al recibir el título, pues ella fue una de mis primeras maestras de la carrera y es alguien que, en los años que estudié, me sirvió de apoyo y admiración. Recuerdo que un día nos enseñó en clase los patrones de diseño y yo, por andar en el aire, me entró por un oído y me salió por el otro. En software me cuesta mucho recordar teorías; justo ahora pensé en singleton y cómo lo utiliza Angular, pero no recordaba el término “Patrón de Diseño”. Entonces, aunque los conocía de manera individual, los usaba y podía explicarlos con ejemplos, un día, en una conferencia de Huawei, levanté la mano para responder una pregunta sobre lo que habían hablado y ganarme un t-shirt que quería para dormir, pero me terminaron preguntando por los Patrones de Diseño y mi cabeza se quedó en blanco. Solo se escuchaba un grillito. No sabía dónde meter la cabeza, mientras mi decana estaba sentada cerca de mí, esperando a que respondiera algo de lo que hablamos en clase.

A la semana siguiente, ella usó mi experiencia para dejarme una enseñanza muy importante que se me ha quedado para la vida entera: “Todo el material que se imparte en una institución educativa es importante, y en el momento menos esperado, lo puedes necesitar”. Por eso, el día de ayer volví a mi alma mater, pero no como estudiante de ingeniería, volví como una joven escritora que deseaba escuchar un conversatorio sobre el poder de las buenas palabras, con el Ministro de Cultura Roberto Ángel Salcedo y José Mármol, Premio Nacional de Literatura. Contó con la moderación del director de español Nan Chevalier.

El conversatorio fue divertido, inspirador e invitó directamente a la reflexión. En lo personal, reconozco que he adoptado un par de malas palabras a mi vocabulario, y creo que, aunque en comparación con muchas personas en teoría casi no digo malas palabras, pues no es lo común, ese conversatorio me dejó como reflexión que mi caso es peor que aquellos que las dicen con frecuencia, pues muchos de ellos lo hacen por falta de educación, porque es su forma de expresarse en el día a día; simplemente es su normalidad. Sin embargo, yo lo hago porque hay personas y situaciones que no se merecen mi respeto o educación, y en un mundo donde la educación es un privilegio, me empecé a cuestionar muchas cosas en el conversatorio del poder de las buenas palabras.

Esa es una cruzada que me llena de esperanza y espero que, en un futuro, todos estemos bien educados en el uso de las buenas palabras, porque a veces usamos palabras no muy bonitas que, por alguna razón, incorporamos como jerga dominicana, que honestamente no sé cómo se popularizaron con tanta normalidad en primer lugar. Un ejemplo de esto es mini mensaje gratis (abreviado), que primero, ese acto no es una ofensa, y segundo, ni siquiera explica lo que alguien realmente quiere expresar. Pero, por alguna razón, todos lo entendemos con diferentes significados, de acuerdo con el contexto en que se exprese. A veces es chiste, otras es ofensa, pero nunca decimos lo que pensamos en realidad, cuando el español tiene tantas palabras para expresar cómo nos sentimos.

Por eso creo que una de las maneras de combatir el mal uso de ciertas palabras o expresiones es comprender qué quería decir originalmente y enseñarle nuevas palabras para que aprenda a comunicarse mejor. Voy a ilustrarlo con el siguiente ejemplo:

Caso 1:

Un niño dice una palabra incorrecta en el salón de clases; la maestra le dice: “No digas malas palabras”. El niño pregunta: “¿Por qué?”, y la maestra responde: “Porque es malo”, “Porque es una falta de educación”. He escuchado hasta “A Dios no le gusta que digan malas palabras”.

En mi opinión, así no se está educando a nadie, solo se están imponiendo limitaciones en la forma en la que ese individuo se expresa, y probablemente lo va a seguir diciendo a escondidas. Tuve una experiencia cercana donde se me comunicó que un niño cercano a mí le decía palabras incorrectas a las personas de su entorno, a lo cual respondí: si ustedes lo tratan mal, ¿qué quieren que diga? Porque la mayor parte del tiempo esas palabras buscan expresar una incomodidad o malestar. Por eso creo que el siguiente caso expresa una forma más constructiva de tratar esta problemática:

Caso 2:

Un niño dice una palabra incorrecta en el salón de clases, y la maestra, al escucharlo, se acerca con empatía preguntando: “¿Por qué dijiste eso?”, a lo que el niño responde: “Fulanito me está molestando”. Luego de lidiar con el conflicto de los niños, lo ideal sería establecer palabras permitidas para expresar enojo o incomodidad, a lo que probablemente respondan que x persona lo hace, pero el deber de educar es darles herramientas para que lo hagan de una mejor manera, no silenciarlos con que algo está mal. Sería interesante desbloquear palabras nuevas del vocabulario en cada grado inicial, con la intención de incentivar tanto la comunicación asertiva como el buen uso de las palabras.

De pequeña, mi abuelo, cuando se enojaba, decía “¡Coño!”, pero yo me enojaba y no podía decirlo porque era una “mala palabra”. Entonces lo sustituí por “¡Rayos!”, que para mí significaba lo mismo, porque yo lo que quería era expresar mi enojo, y esa era una palabra correcta para una niña. Lo que me llevó a la conclusión de que, al final, lo que tenemos son muchas palabras mal empleadas para expresar ideas o sentimientos. Por eso hay que educar con un vocabulario que le permita a las generaciones futuras expresarse diferente, fomentando el respeto y la comunicación asertiva.

Porque, como alguien que ha lidiado con el enojo, puedo decir que hay muchas palabras que se pueden utilizar con altura (leer con voz de Rosalía). He hablado de muchas cosas hoy y he intentado resumir. Pensé dividirlo en varias partes y desglosar algunas ideas, pero me dio pereza, así que en otra ocasión sigo profundizando de manera puntual algunos temas que toqué hoy.

Me despido con mis canciones del día. Iniciaré con una artista que lleva mucho tiempo trabajando para ganarse un lugar en el género urbano. Esta es mi canción favorita de ella y considero que hay que escucharla completa, porque toca varias perspectivas. Se titula LA ZONA V. Más allá de la canción, el día de hoy lo hago por la artista, porque a veces criticamos a quien no hace las cosas de la mejor manera, pero no apoyamos a quien intenta hacerlo diferente para que llegue. Por eso vamos a tratar de cambiar el enfoque a lo que puede mejorar, a esos jóvenes que han tenido visión, que lo han intentado muchas veces y lo siguen intentando. Por eso el día de hoy cierro con Chelsy Bautista, quien también estudió en APEC y se graduó con honores de la Licenciatura en Negocios Internacionales, pero muchos solo la conocen por su Pelorizo.


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