Creer y Ser
Hola!!!
Esta es una edición especial, porque es mi medio cumpleaños, hace justamente 6 meses fue mi cumpleaños y en 6 meses será mi próximo cumpleaños, así que estoy justo en el medio de mis 24 y mis 25. De hecho, octubre era uno de mis meses favoritos del año, pero en los últimos años ha sido un mes algo complicado de transitar.
El día que fui a la feria del libro, quería encontrar un libro que recopilara los mejores poetas dominicanos, pregunté en varios lugares y no lo encontré, me mostraban algunos libros de poesía, pero no sentía llevarme ninguno y seguía caminando, hasta que pregunté en una editorial y, aunque no tenían lo que buscaba, me pasaron un libro de Manuel del Cabral. Al leer la portada empecé a sentir déjà vu, así que decidí traerlo a casa.
Para mi sorpresa, hoy fue el día en el que me encontré con él, desperté temprano y todos los pajaritos estaban cantando, escuché grillos y creo que un búho también. Normalmente suelo pensar en poesía, pero hoy el sentimiento era más intenso de lo normal. Iba a escribir un poema, pero mi laptop estaba descargada, así que me nació el deseo de leer, busqué el librito de poesía que estaba leyendo, pero al no encontrarlo decidí empezar a leer a Cabral.
Había hojeado el libro para leer un poema, pues me gusta leer poesía de forma aleatoria, pero por alguna razón siempre terminaba en la misma página y hoy cobró sentido como si hubiese sido escrito para ese instante. Mientras el cielo lloraba sobre el libro y la mañana buscaba cómo hablarme, yo leía una y otra vez ese poema titulado Alguien:
Alguien me dice…
Me cuenta…
Pero es el viento.
No es alguien…
Alguien me hiere…
Me sangra…
Es la mañana.
No es alguien…
—Manuel del Cabral, Alguien, Huéspedes secretos (Editora Nacional).
En lo personal, amo leer poesía y, con mi pijama de anoche, que consiste en una camisa Columbia sin pantalones y con medias largas negras de Barbie (porque yo puedo ser lo que quiera ser), me volví a acostar, para perderme en este nuevo libro, solo que ahora sería más respetuosa e iba a iniciar desde el principio.
Confesaré que amo leer un buen prólogo o prefacio, es una de mis partes favoritas de algunos libros, porque algunos se sienten íntimos, mágicos y especiales, con ideas que disfrutas leer en igual medida que el libro en cuestión. Lloré con el prefacio de Valter Hugo Mãe para El Principito, y sus palabras se convirtieron en una historia que espero contarles a mis hijos algún día. Sin embargo, no negaré ser sumamente perezosa y, por eso, a veces me salto todas las páginas que van antes de que inicie el libro.
Por eso Dios sabe lo que me costó ir al inicio del libro de Cabral, porque su prólogo parece un libro individual. Inicia en la página VII (7) y termina en la LXVII (67), y para una persona perezosa esto puede ser una señal para procrastinar o volver al hábito de saltarme páginas. Sin embargo, con la intención de respetar al escritor del prólogo, Helio Alderete, y por la curiosidad de por qué era tan largo, decidí dejar mi pereza a un lado e iniciar a leer desde el inicio.
Debo admitir que ha sido una muy grata sorpresa. He leído pocas páginas, pero lo que he leído ha sido interesante. Voy por el primer capítulo titulado Tres respuestas a Heidegger, el cual parte de la pregunta: “¿Por qué el ser y no más bien la nada?”. Sinceramente, cuando lo leí, mi cabeza respondió en automático: “Por Dios”.
Decir que recuerdo haber leído sobre ese filósofo y esa pregunta antes sería mentir; sin embargo, decir no haberlo hecho, de igual manera, se siente como mentira. Por eso realicé una búsqueda rápida en Google para conocer más la postura de Martin Heidegger y comprender mejor las 3 respuestas del autor del prólogo. Así fue como encontré que Heidegger opinaba que la nada no es una cosa, pues enfatiza que la nada no es un objeto ni un ente, sino que es aquello que se manifiesta en la negación de todo lo que es.
Lo cual me hizo tanto eco en la memoria que desbloqueó un recuerdo muy interesante, y los años me han dado la madurez para responder de la forma más cool posible. Les cuento que en 2018, antes de entrar de lleno en el mundo de la informática, era mucho más curiosa que ahora y leía mucho más. Entonces, un día en una clase de sistemas operativos, alguien me dijo que tenía corrientes ateas por los libros que leía. En ese momento estaba más sorprendida que otra cosa, no me había dado cuenta de que me analizaba a tal profundidad.
Sin embargo, se equivocaba en creer que los libros habían influido en mí, pues muchas veces es más fácil creer que una mente es influenciable a reconocer que compartía ideas de pensamiento con lo que leía, y utilicé las palabras para expresar mis propias ideas e ideales. La causa de mi ser agnóstico no fue nada que leí, fueron situaciones muy puntuales que viví, las cuales me llevaron a un razonamiento distinto y a compartir ideas con personas que tenían una percepción similar de la realidad.
Me incomoda la facilidad con la que negamos los hechos y cargamos toda la responsabilidad a las influencias, ignorando una cantidad de elementos que se ven envueltos de por medio, y justamente esa es la razón de que muchas cosas no cambien en la sociedad en la que vivimos. Es más fácil sentenciar el mensaje que tratar de mitigar la causa.
En lo personal, puedo leer a cualquiera que exprese una idea que me inspire, porque yo lo que busco es ser mejor persona y reflexionar sobre el mundo que me rodea, sacar mis propias conclusiones y moldear mi realidad con mi visión. Hubo un tiempo en el que creía en nada con respecto a Dios, porque negaba su existencia, y cuando me cuestioné y reflexioné al respecto, me di cuenta de que estaba enojada, y no puedes enojarte con algo que no existe.
Me cuestioné bastante, reflexioné bastante y oré bastante hasta que volví a creer. No fue nada que leí o algo que escuché, fue un trabajo interno que me tomó tiempo. Busqué lugares que me ayudaran a reforzar la identidad que quería crear, sin presionarme, pues buscaba conocimiento, no doctrina, y aunque mi proceso evolutivo fue lento y diferente, empezar a creer en Dios, por lo menos para mí, no fue mutuamente excluyente con las cosas que creía, y eso me permitió crecer más.
Porque a veces evolucionar no significa negar las cosas o rechazar lo que es diferente, significa poder analizarlas con nuevas perspectivas. Hay un proverbio hindú que dice: “¿Qué ve un ciego aunque le pongas una lámpara en la mano?”. El conocimiento es luz, y la luz te permite comprender las cosas de una manera totalmente distinta, pero si te enfocas en negarlo o rechazarlo, nunca vas a aprender de él o darle luz.
Buda dijo que es mejor conquistarse a uno mismo que ganar mil batallas, pero muchos hablan de su hermano cuando no han podido ni encarar sus batallas internas. Viven todos con heridas que no hablan, porque a veces es más fácil decir “Jesús sanará tus heridas” que pedirle a Dios que los ayude a ser instrumentos para sanar a su hermano.
Lao-Tse dijo: “Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que debería ser”. En su momento me cuestioné lo siguiente: ¿Debería conquistarme a mí mismo y vivir una vida que yo sienta que es acorde a la voluntad de Dios y así convertirme en quien debo ser, o seguir ciegamente un estilo de vida establecido por un grupo de personas en nombre de Dios y ser lo que ellos entienden que debo ser?
Porque sus actos fueron el motivo de que no quisiera como ellos ser, y fueron la razón de que preferí en Dios no creer. Me tomó años conciliar el creer y el ser de una manera auténtica para vivir con mi conciencia tranquila, porque puedo evolucionar y cambiar de opinión, pues mientras más aprendo, nuevas perspectivas observo.
Estoy segura de que mi versión de 2018 hubiese pensado algo totalmente diferente a la pregunta de “¿por qué el ser y no más bien la nada?”, pero no por lo que había leído, era más por su verdad, aquella que relataba todo lo que había sufrido. Si alguien la hubiese escuchado, tal vez la hubiese ayudado a ser libre, como predicaba Jesús, pero era más sencillo creer que era de mente débil y estaba envuelta en corrientes literarias como si fuera algo malo, cuando estas lo único que hicieron fue educarla y pulir su pensar, enseñándole a reflexionar y cuestionar, brindándole herramientas para poder comunicarse.
Esa es la razón de que, más allá de lo que creas, yo creo en la religión de tener un buen corazón, en la de ser buena persona y tener mucho amor. Por eso, años más tarde tengo un concepto muy personal de Dios. No me interesa que otro lo acepte, que no busco juzgar el concepto ajeno tampoco. En lo personal, creo que la gente puede creer lo que quiera, respetando al otro, porque el respeto al derecho ajeno es la paz. Eso lo dijo Benito Juárez.
Por eso cuento mi experiencia y reflexión, porque a veces, cegados por lo que realmente no es muy relevante, obviamos lo importante, ignoramos las causas, las razones, lo que le duele al otro. Estoy consciente de que hay muchas personas que son muy maleables, pero creo que esas son las que necesitan más ayuda. En un mundo donde todos quieren que estén de acuerdo con ellos, cada día se pierde más el sentir de educar para pensar diferente, crear cosas diferentes, respetar la diversidad, mientras todos construimos una sociedad con mejores valores, cultura, desarrollo y libertad.
Cada quien vive experiencias diferentes que lo llevan a formas distintas de ver la vida, pero todos somos seres humanos que pasamos por dolencias similares. Todos sentimos tristeza o alegría. Más allá de cómo elijas vivir tu vida, quién desees ser o en qué quieras creer o no creer, deseo que puedan notar tu sufrimiento y ayudarte a ser libre, si así lo necesitas, antes de que noten tu filosofía o creencias y la cuestionen.
Olvidé la canción del día, pero mejor tarde que nunca, esta canción la encontré esta mañana mientras publicaba la foto del poema que les compartí, se titula Autumn Leaves de Ed Sheeran, fue la música que acompañó a los pajaritos.
PD: Te amo, te perdono, te agradezco seguir con vida y deseo que tengas libertad.
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