Sándwich
¡Hola! Estoy de vuelta. Hoy hablaré sobre una estrategia personal que uso para todo lo que no me gusta hacer, como ir a hacerme estudios médicos o asistir a citas médicas: hacer un sándwich. Funciona agendando cosas que sí disfruto hacer el mismo día que tengo que hacer los trámites médicos; así me resulta más digerible el proceso y más cómodo de realizar, porque cuando llevas mucho tiempo es bastante pesado y agotador.
Es una técnica que uso para muchas cosas. Cuando debía ir a la lavandería a llevar ropa, me pasaba la mañana en la Zona Colonial, me compraba un helado o iba a visitar algún museo para hacer esa tarea más divertida. Sin embargo, con la que lo uso el 99 % del tiempo es con temas médicos, porque, honestamente, es lo que más me cuesta: energía, ánimo, dinero y esfuerzo.
Lo primero que hago es arreglarme linda, porque me gusta verme bien. Entonces no me arreglo pensando que voy al médico; me visto para la actividad que disfruto hacer y no tiene que ser algo costoso. He ido a caminar al malecón o a comer un helado, pero me arreglo linda igual. Dependiendo de la hora de mi diligencia médica, decido si hago lo que me gusta antes o después. Ayer, por ejemplo, fui a hacerme un estudio de rayos X, toda fabulosa, y luego pasé un rato muy agradable en mi museo favorito (el de artes modernas). La última vez que salí a una cita médica lo hice al revés: museo primero y luego doctor.
Luego me entretengo publicando mis fotos de la actividad que me gusta y de los momentos felices que disfruté al hacerla. Eso hace el día mucho más valioso para mí, pues me cambia la perspectiva de “estoy enferma y estoy harta de estar en el hospital” a “qué linda andaba hoy” o “me divertí mucho haciendo X cosas”. Al final del día, los recuerdos bonitos tienen el poder de transformar las circunstancias más difíciles —o por lo menos eso pienso yo.
Por eso trato de planear actividades que disfrute, para generar más momentos lindos que me ayuden a lidiar con las cosas horribles que he tenido que vivir. Para mí esto es de suma importancia, porque por más injusta que pueda ser la vida, trato de buscar el equilibrio generando momentos lindos; me ayuda a motivarme y a seguir viendo la vida con una perspectiva distinta.
Y esto es algo que molestaba mucho a las personas a mi alrededor, cuando no era su vida ni su dinero. Sin embargo, el tiempo me ha enseñado que uno debe ser ciego y sordo con la felicidad propia, porque cuando uno empieza a ahogarse, es solo que uno se ahoga: ahí de repente nadie aparece, los comentarios cambian y la situación se vuelve muy difícil. Por eso me importa un carajo lo que puedan opinar de mí; yo voy a seguir haciendo lo que entienda que me hace bien, y solo Dios y yo podemos juzgar eso.
Por eso quiero relatarles mi experiencia visitando el museo, como parte de mi estrategia de sándwich. Ese día recuerdo que estaba muy cansada, pues aunque no he tenido ataques de asma fuertes en las últimas semanas, imaginaba una recuperación más completa, pero me enfoqué más en el progreso que había tenido, que en lo que me faltaba por mejorar; además, llevaba meses esperando que el museo volviera a abrir, pues es uno de mis lugares favoritos y estaba cerrado por la instalación de la nueva exposición, así que me emocionaba mucho asistir. Este año pensé aplicar con uno de mis cuadros, pero al estar enferma no tuve oportunidad de hacerlo; sin embargo, me intrigaba mucho el trabajo de los artistas que fueron elegidos para ser parte de la bienal.
Normalmente voy al museo cuando no hay gente, porque me gustan los museos casi vacíos; así siento que los tengo para mí sola y puedo ser libre, ya que ando con mis audífonos bailando, parezco un pajarito en su lugar feliz. Cuando fui al inicio de la bienal, andaba en mood de influencer, porque tenía muchas ganas de recuperar el hábito de tomarme fotos lindas y sentirme bonita al retratarme. Posé para volverme parte de las pinturas; andaba tomándome selfies aquí y allá. Cualquiera que me veía no iba a creer lo mucho que disfruto ver pinturas, pero también me gusta tomarles fotos y posar en ellas. Creo que por eso me he pintado a mí misma; pero bueno, dejémoslo en que me gusta mucho ver exposiciones de arte.
En mi recorrido me encontré a una joven que amablemente me tomó unas fotos y a quien yo también ayudé con lo mismo. Fue muy lindo ver a alguien contemporáneo conmigo disfrutando del museo en horarios donde no van muchas personas. A pesar de que me gusta estar en museos vacíos, me gustaría que los dominicanos tuvieran la cultura de visitarlos.
Se me fue el tiempo inmersa en el arte, posando aquí y allá, hasta que llegué al último nivel del museo y decidí que era hora de retirarme a mi cita médica. Pero, cerca de la escalera, vi un cuadro que me cautivó mucho; me resultaba familiar y, como estaba en la exposición permanente, me preguntaba cuántas veces lo había visto antes.
Observando el cuadro, me encontré con un señor mayor y empezamos a conversar sobre la obra. Por la manera en la que hablaba, parecía alguien con mucho conocimiento del arte, y le expresé mi realidad: soy muy inculta en el arte, no sé reconocer los estilos y artistas de mi país; de hecho, por nombre solo recuerdo uno.
El señor amablemente me explicó el estilo de ese cuadro y, al mostrarle los míos, me explicó algunos estilos artísticos que expreso en mis cuadros sin saberlo, pues mi talento como pintora es natural. Nunca he estudiado pintura y desconozco la teoría de la misma, por eso aquella información era muy iluminadora para mí; despertó en mí la curiosidad de saber más con qué estilos se expresa mi alma y cómo podrían ver mi trabajo artistas con más experiencia y educación.
Para ilustrarme un poco más, pasamos a otro cuadro y aquel señor me explicó lo que significaban los elementos que se encontraban en él y la historia que quería expresar el artista. Luego de tener el contexto, fue como si los colores se viesen diferentes y estuviera observando el cuadro por primera vez: de repente cobraba vida y sentido para mí. Ya no eran solo colores bonitos; ahora me transmitían un mensaje.
Así fuimos pasando por un par de cuadros y mis ojos empezaron a ver de verdad aquellas obras de arte. El señor me animaba porque ya estaba comprendiendo el mensaje sola y reconociendo los elementos de las obras. En ese momento sentí que debía ver todas las piezas con mis nuevos ojos y buscar los mensajes que los artistas dejaron plasmados para sus espectadores.
En algunos museos te dan una ruta guiada, pero este museo no la tiene, así que tengo la nueva tarea de ir a ver cada obra con los ojos del alma. Estoy segura de que las voy a disfrutar mucho más —y eso es mucho decir, porque sin analizarlas ya las disfruto demasiado. En pocos minutos aquel señor me había enseñado bastante; debe llevar más tiempo pintando que el que tengo de edad, y se expresaba con mucha pasión. Estábamos tan entretenidos viendo cuadros que nos fueron a buscar porque el museo debía cerrar.
Pero recuerdo el último cuadro que vi; al detenerme a analizarlo, sin mucho esfuerzo pude darme cuenta de lo que quería expresar y me sentí feliz, porque lo había visto solo como un cuadro “dorado”, pero en ese momento pude comprender lo poderoso de su mensaje y debo volver a verlo para apreciarlo con el tiempo que se merece.
Al salir del museo, el señor me comentó que una palma real había ganado un premio en la bienal y me la mostró desde lejos. Al inicio no lo entendía, pensé que era broma, porque parece una palma como cualquier otra; por esa razón me agendé la tarea de volver al museo solo a leer lo que decía la palma, porque me intrigaba mucho el concepto que tenía detrás.
No voy a iniciar un debate del premio ni nada, pues ese tema ya se resolvió y yo no conozco la perspectiva del artista que presentó la obra. Sin embargo, ayer pude verla, así que voy a hablar sobre lo que me enseñó a mí. Se titula “Lo que no se saca de raíz, vuelve a crecer”; es una palma real con algunas hojas algo marchitas, en una base gris. Es tan cotidiana como cualquier otra palma en una maceta, pero esa palma, en ese museo, con ese contexto, no es una palma cualquiera: es un símbolo que relata una historia. Puede verse igual a las demás, pero ella está representándolas a todas.
Eso me puso a reflexionar más allá del contexto histórico de la pieza. Pues me pregunté si el artista quería invitarnos a pensar que, bajo el contexto y los ojos correctos, cualquier cosa puede transmitir un gran mensaje o tal vez quería cuestionar qué era el arte —porque desde mi pensamiento base de que era una palma cotidiana— he reflexionado muchísimo sobre el porqué de la obra. Justo creo que eso, por lo menos en mi opinión, volvió a esa palma especial, porque nunca en mi vida una palma me había puesto a pensar tanto.
Lo que me llevó a la conclusión de que, más allá de criticar si es o no arte, también se debe valorar el mensaje que se quiso transmitir. Porque si para mí no es arte, puedo verlo como símbolo histórico y leer lo que ese artista quería expresar a toda la población dominicana. A veces la polémica lo consume todo, incluso las buenas intenciones de alguien que quería expresar lo que pensaba; la libertad de expresión debemos respetarla.
“Lo que no se saca de raíz, vuelve a crecer” fue una frase que se me quedó muy grabada en la cabeza, porque aunque en el caso de aquella obra expresa una etapa algo oscura de la historia dominicana sobre la dictadura de Trujillo, también me hizo reflexionar esas palabras en un contexto diferente. Pues a veces hay muchas cosas positivas que creemos pérdidas —valores, hábitos, habilidades— que, si las alimentas, pueden volver a florecer; de la misma manera, las que no aportan a tu vida lo harán si no pones los límites correspondientes. Por eso debemos ser buenos jardineros: para saber qué apoyar para cultivar una vida tranquila y qué sacar de raíz por el mismo motivo.
Tu trabajo como jardinero te va a ayudar a que, aunque seas una palma igual que cualquier otra, puedas estar junto a grandes obras de arte. Aunque para muchos no lo seas, los que tengan los ojos correctos van a valorar el mensaje que quieres transmitir; aunque solo seas una palma más, pues los ojos incorrectos te criticarán igual, aunque de oro sean tus hojas. Por eso nunca podemos olvidar que los ojos correctos siempre encontrarán valor en nosotros.
En lo personal, no veo aquella palma como una obra de arte, pero sí la veo como una palma que salió a ser vista, a dar un mensaje, a despertar el sentir por defender a los artistas, a crear incomodidad para valorar el arte, a premiarlo de forma justa, a pedir transparencia en los procesos. Aquella palma fue un espejo que nos invitó a reflexionar, valorar y mejorar.
La controversia es pasajera, pero lo que aprendemos y podemos mejorar puede durar para siempre. Vamos a sacar de raíz esas cosas que nos hacen daño para que no crezcan, y vamos a alimentar las raíces de cosas buenas que se están marchitando —como las hojas de aquella palma— para que puedan recuperarse y tanto ellas como nosotros podamos crecer.
Yo, desde hoy, empiezo a ver las palmas diferente, pues todas me van a recordar aquella historia que aprendí al visitar el museo, al leer la descripción de aquella palma, que aún viéndose tan ordinaria, causó un revuelo extraordinario. Eso me puso a pensar que la vida es como un museo en constante transición: si viéramos a las personas con todos sus contextos e historia, al igual que pasa con aquella palma, podríamos aprender bastante si estamos abiertos a escuchar el mensaje que nos quieren transmitir.
Mis canciones del día te las voy a dejar a ti: piensa en qué palabra llega a tu cabeza al concluir este texto, luego piensa con qué relacionas esa palabra y busca una canción sobre eso. Yo hice el ejercicio; mi palabra fue “palma” (súper básico), me hizo pensar en la playa y mi canción fue “Calma” de Pedro Capó y Farruko. Escribe tu canción en los comentarios para actualizar la playlist.
PD: Te amo, te agradezco seguir con vida y nunca olvides que los ojos correctos siempre van a ver valor y arte en ti.
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