Resignificar un borrador

Hola! Ayer escribí; sin embargo, fue solo para mí, porque estaba bastante enojada, pero hay algunos puntos que me gustaría rescatar de ese escrito. En esta semana estaba en Instagram y me aparecieron unos cortes de Miraculous de Disney (me gustan esos muñequitos), donde uno de los personajes le dice al otro: “Pero a veces, el bien que creemos ver en los demás no es más que un reflejo del nuestro y terminamos engañados por nuestra propia bondad”.

Lo cual me hizo reflexionar dos cosas: la primera fue las múltiples ocasiones en que me vi engañada por mi propia bondad, y la segunda era más la duda de si proyectar nuestra bondad en otros hace que esas personas empiecen a generar bondad en sí mismas, al ser alimentadas y motivadas por alguien que las ve con amor. Lo cual me dejó como conclusión final administrar mejor mi bondad, para que no me perjudique, pero que pueda seguir iluminando corazones.

Lo cual me lleva al tema que de pique escribí ayer: hoy en día se ha popularizado mucho un sistema de consecuencia personal, como si habitáramos de forma aislada en el planeta, lo cual, a la hora de hacer comentarios a personas a las cuales la vida ha tratado de forma algo injusta, puede ser más destructivo que de ayuda. Un ejemplo de esto es “Estás viviendo las consecuencias de tus actos”. Entonces, si analizamos mi caso —que llevo siete años en citas médicas, con problemas estomacales y demás— las consecuencias de mis actos deberían ser gozar de una gran salud, no despertar sofocada porque me estaba ahogando con mi saliva por el reflujo, lo cual es un problema que es muy probable que tenga desde hace bastante tiempo; por lo que hay muchas circunstancias de la vida donde los actos de uno están divorciados de los resultados obtenidos.

Porque en un mundo ideal, en 2019 me hubiesen resuelto mi situación con el estómago o, en una de las muchas veces que asistí creyendo que tenía gripe, me hubiesen explicado del asma alérgica; y también me hubiese encontrado un mejor personal en salud mental para acompañarme en las situaciones que he tenido que vivir. Pues mi responsabilidad era buscar ayuda y hacer lo que estaba en mis manos para mejorar, pero obtener los resultados esperados iba a depender de igual manera de las demás personas a las que solicité ayuda.

Lo mismo ocurre con los ex-amigos que me trataron mal: si ponemos en la balanza, en proporción a cómo los he tratado a ellos, las consecuencias de su trato hacia mi persona debieron ser totalmente distintas. Lo cual me lleva al siguiente punto que me molesta: el momento en que te quieren hacer sentir culpable por la situación, con comentarios como “eso pasa porque tú no pusiste límites”, “Te pasó por no sacar a X persona de tu vida” y por ahí se van… No digo que esto no sea cierto; sin embargo, esta dinámica solo deja el peso de la consecuencia en la persona afectada; no valida los otros elementos de la escena.

Cuando la realidad es que uno no puede controlar a las otras personas, no tenemos control mental. Entonces la sociedad tiene la mala costumbre de ponerle toda la carga de responsabilidad a la persona de buen corazón por confiar, ser bondadosa, esperar el mismo trato de respeto, amor y empatía, liberando descaradamente a las personas con malas actitudes porque “el que debió poner el límite fuiste tú”. Creo que cuando esto no se maneja de la forma adecuada, alimenta de forma inconsciente con antivalores a nuestra sociedad, porque cuando asumo la posición de que debo responsabilizarme por las consecuencias de que alguien con malas actitudes me hiriera —porque fue error mío no haber puesto X límite—, de forma inconsciente estoy absorbiendo responsabilidad de la otra persona y entiendo que ser tan bueno es malo; que debo ser más como ellos, para que me importe menos el otro; porque al final lo que yo haga no será culpa mía, sino del otro que no me puso el límite.

Este es un hecho que he escuchado a muchos jóvenes decir como principio: “Él fue quien debió poner el límite, entonces lo que yo hice no estuvo mal”, lo cual es un indicador grave del declive de la moral y los buenos valores de la sociedad. Y esto, si me lo preguntan a mí, es el principio de una sociedad sin empatía.

Por esta razón, cuando comento los actos de los demás no es para justificarme o para no responsabilizarme de los míos; es que mis actos sucedieron bajo una circunstancia y un marco teórico que es relevante para entender cómo sucedieron los hechos y la forma en la que me siento ahora. Entonces, mi circunstancia es la suma de mis acciones y las de los que colaboraron, para bien o para mal, en que sucedieran.

Por eso, si analizamos todo el contexto y los involucrados en él, desde una posición empática se puede resignificar esa circunstancia, asignando a cada elemento su cuota de responsabilidad, mientras se trabajan puntos de mejora que te permitan cuidar de ti en un futuro, donde puedas entenderte mejor y a los que te rodean, identificando herramientas que genuinamente te van a ayudar a construir una mejor versión de ti mismo con el aprendizaje que tuviste que vivir. Creo que sería una visión más integral que me hubiese gustado que tuvieran conmigo cuando la necesité.

Porque algo que me preocupa es que hoy en día muchas personas ven el ser buena persona como una debilidad, y luego de pasar por terapia terminan tan blindadas que olvidan esa bondad y amor que tanto las caracterizaba. Entonces creo que si ponemos tantos límites que nos escondemos hasta a nosotros mismos, algo en ese sistema de seguridad no está funcionando como debería.

En la primera o segunda cita de terapia, alguien me dijo: “Tú tienes el hábito de X cosa” y yo, con todo mi carácter, le dije: “Usted a mí no me conoce”, porque considero una falta de respeto que alguien quiera etiquetarte de X forma con 60 minutos hablando de una situación que no ha tomado el tiempo ni de analizar bien. Por eso yo no tengo problemas en poner límites, sacando gente de mi vida o aceptando las consecuencias de mis actos; sin embargo, así mismo etiqueto a todo aquel que haya atentado contra mí y le adjunto su paquete de acciones que me afectaron de forma negativa, porque en mi árbol de decisiones mental están todas las ramas de las circunstancias que otros crearon, cuyos frutos fueron mis decisiones. Entonces, como tengo todo bien organizado, yo sí veo el contexto completo.

Para culminar quiero cerrar con un ejemplo: el caso A es de una persona con malas actitudes que frecuentemente le pasan cosas buenas por estar rodeada de buenas personas que proyectan su bondad en esta. Mientras que el caso B es una buena persona que está rodeada de personas con malas actitudes y frecuentemente le pasan cosas no muy gratas de vivir por las personas de malas actitudes a su alrededor, aun cuando esta proyecta su bondad en los demás.

Entonces, si ninguna de las dos puede salir sola de ese lugar, y básicamente fue por suerte que terminaron ahí, la sociedad castiga más a la buena persona rodeada de malas actitudes que a la persona con malas actitudes rodeada de personas buenas. Aún cuando una proyecta bondad en los demás y la otra los perjudica con sus acciones.

Lo cual me parece hasta irónico, porque de la persona buena rodeada de malas actitudes dicen que es masoquista, que no sabe poner límites, que son las consecuencias de sus actos por no salir de ahí y por ahí se van; pero pocos intentan empatizar con su situación o ayudarla de verdad, mientras que a la persona de malas actitudes rodeada de personas buenas probablemente poco se comente, aunque ésta lastime a las personas de su ambiente. A la sociedad le importa más martillar al bueno, que por mala suerte está en circunstancias difíciles, que corregir al que tiene malas actitudes.

Y honestamente, esta es una situación que me tiene muy harta, más aún cuando hay situaciones donde la respuesta no es poner límites, sino un cambio de ambiente, pero uno con personas sanas, no otro escenario de lobos con diferente máscara. Por eso, en esta etapa de mi vida entendí que no soy minero para buscar bondad en el interior de las personas; si no la veo en la superficie, las mandaré a la iglesia a buscar a Dios y seguiré mi camino, porque en vez de preocuparme en andar estableciendo límites, quiero convivir con personas que conozcan el respeto y la empatía, que no vayan a lastimarme donde me duele y que sepan seguir reglas de convivencia; porque no soy maestra de niños para andar educando a todo el que entre a mi vida de cómo tratar a alguien de forma decente, con respeto, amor y bondad.

Espero que, en vez de actuar para que los buenos sean más malos, cambiemos el juego y mejoremos como sociedad. Me despido con mis canciones del día: inicio con Ojalá de Beret, porque nadie te enseña a ser fuerte, pero te obligan; y las buenas personas son las más fuertes de todas, porque tener malas actitudes es algo que cualquiera puede hacer, pero seguir siendo fiel a uno mismo es un camino que pocos tienen el valor de recorrer. Por eso mi siguiente canción es Ten Valor de Cultura Profética; pues hay lecciones que se aprenden con dolor y aprendí a la mala que hay personas que, mientras más bondad proyectas en ellas, más te acuchillan por la espalda, pues su naturaleza detesta la luz y buscan apagarla con sus acciones. Entonces hay que proyectar nuestra bondad en personas que nos proyecten más cosas lindas de vuelta. Por eso, como dice Jey One: “SUAVE, SIGUE Y NUNCA TE PARES, tú sabes que soy loca contigo”, vamos a demostrar que los buenos somos más.

Cierro con mi video final de la serie de reimaginar mi arte Inocencia, le di muchas vueltas a ese cuadro, le cambie los colores varias veces y estaba haciendo malabares para sostenerlo y poderme mover, pero terminé comprendiendo que lo mejor para mi era soltarlo y enfocarme en mi, y no hablo del cuadro solamente, a lo que le sirva el sombrero, se lo ponen. 

PD: Te amo, te perdono, te agradezco seguir con vida y deseo que convivas con personas que te hagan florecer en vez de arrancar tus pétalos, para que demuestres lo lindo que brilla ser fiel a uno mismo. Dios te bendiga. XOXO.


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