Regreso del mar

Hola!! Continuamos con la tercera parte de esta historia. Antes de iniciar, quiero disculparme por los problemas técnicos y de edición de ayer. Soy escritora, editora y QA de este blog, y por temas de salud y electricidad no estuve en las mejores condiciones para hacer todas las revisiones de calidad. Más adelante, con más claridad sobre este tema, comentaré, pero ayer les conté sobre la linda experiencia que tuve en el mar y nos quedamos por donde a mi casa iba a regresar…

Tomé el bus en la calle y mi única prioridad era quedarme frente a la entrada de mi casa, pues siempre me pasaba por andar distraída y debía pagar otro vehículo para llegar. Pero mientras esperaba en la estación de buses de Boca Chica, un señor entró vendiendo dulces. Amo los postres, pero si no es el dulce de coco de Las Marías, no ando comprando dulces en la calle. Sin embargo, algo me motivó a comprarle uno a aquel señor, el cual me terminó vendiendo 3 por 100, y terminé aceptando, pues mi deseo era ayudar. Él amablemente empezó a relatar cómo un día una niña pequeña le dijo a su mamá que le compraran unos dulces para ayudar al señor y él se sorprendió por cómo aquella pequeña era consciente de la realidad y deseaba ayudarlo. Explicaba cómo la mamá, conmovida, le terminó por comprar el dulce a aquella niña.

El señor no anda pidiendo ni mostrando ningún tipo de miseria, anda bien vestido y con actitud alegre, pero pude ver cómo se conmueve cuando las personas ven la nobleza de su corazón y con amor se motivan a comprarle, para ayudarlo a prosperar. Intrigada, le pregunté qué tiempo tenía vendiendo dulces, a lo que me respondió que solo tenía 2 años, pues duró más de 15 años siendo cobrador de guaguas (buses). Pero terminó sin empleo y, al verse sin hacer nada en su casa, su hija le dijo que buscara algo para trabajar, para que mantuviera su vitalidad. Entonces él le propuso que podría vender dulces; ella, con mucho amor, lo ayudó y su negocio emprendió.

Lo cual me pareció una historia muy linda, pues a veces nos quedamos sin empleo y estar viendo el techo es bastante frustrante. Más aún para aquellas personas que no cuentan con una pensión, un plan de retiro o que las circunstancias no les permiten tener ahorros para poderse sostener. Por eso, hasta el acto más sencillo y honorable, como vender dulces, puede traer de nuevo luz a tu vida, porque el trabajo honrado dignifica al ser humano. Al reflexionar sobre esta anécdota, a mi abuela terminé por recordar, pues siempre ha querido trabajar, pero nunca tuvo la oportunidad de poderlo lograr. Y aunque le he propuesto ponerle una paletera, nunca hemos tomado el tema de forma seria, así que escuchar la experiencia de aquel señor me recordó que es algo que algún día me gustaría hacer. Aunque solo vendamos un día, quiero que tenga trabajo, aunque solo sea por una vez.

Sí, al igual que yo, estás desempleado y lees esto, quiero decirte que “sigas intentando”, como decía la tapa de Coca-Cola cuando tenían una promoción y la tuya no estaba premiada. Porque no sabes cuál de esos intentos es el que te hará brillar, y si ese camino no da resultado, sigue buscando otros hasta que encuentres ese lugar que te ayudará a prosperar. Trabaja en ti y continúa remando, para que puedas lograr aquello que tu corazón ha de anhelar.

Haber renunciado a mi empleo fue un momento muy difícil para mí, pues era mi sustento para mis gastos médicos poder costear. Pero con todo lo que estaba viviendo, los problemas de salud y, por la dislexia, me esforzaba tanto que la migraña no se me quería quitar. Era demasiado y lo tuve que soltar. Lo cual me costó mucho, pues aunque sabía que eventualmente tendría que encontrar otro lugar donde crecer más, tenía idealizado el día en el que esa puerta fuera a cerrar. Quería hacerlo con amor y alegría, con una sonrisa en la cara, como las que mostraba en las fiestas cuando la oficina solía visitar.

Pero hacerlo en un momento tan desgarrador, más aún cuando me he esforzado para que la dislexia no me afecte, leyendo y estudiando el doble, fue algo que muy fuerte me empezó a golpear. Y como si no podía empeorar, mi maltratador (mi papá) fue a la oficina a hablar por mí y a quererme representar, como si no hubiese sido suficiente todo el maltrato y humillación que en la casa estaba pasando ya. Fue con la máscara del padre comprensivo y preocupado que solo utiliza para verse bien, pues en privado es el rey en apatía mostrar y disfrutar cómo me ha de maltratar.

Por eso dije en uno de los capítulos del libro de una regresión de locura que “se podían meter su mandamiento de honrar a su padre y a su madre, por donde mejor les quepa”, y es algo que me enorgullece haber dicho, porque creo que es momento de hablar las cosas como son. Las realidades de todos no son iguales, usted debe honrar a quien honra merece, nadie le puede imponer a usted que respete a alguien sin saber los maltratos que usted recibe en privado.

Por eso me gustaría que todos se quedaran callados cuando me defiendo, al igual que me ignoran cuando me han de maltratar. Porque para criticar y juzgar, la lengua bien afilada siempre han de tener, pero para hacer justicia, de repente hay un silencio sepulcral. Si usted no está en mis zapatos y no me va a defender, sus comentarios se pueden reservar, porque me cansé de la otra mejilla poner. Ya estoy de pie, al infierno me adapté y de sus llamas me apropié; ahora envuelta en fuego mis alas pienso desplegar, pues donde ustedes pensaron que cenizas iban a quedar, un ave fénix empezó a volar.

Esa última cita tal vez sea el inicio de un nuevo poema, así que mantente atento a las actualizaciones de mi libro. Me despido con las canciones del día: Girl on Fire de Alicia Keys, porque esta chica arde en el fuego de la pasión, y yo Resistiré, por los que ya no están, por los que caminan conmigo y por los que faltan por llegar. Porque los dominicanos no nos rendimos y, aunque no tengamos fuerzas, sacamos de abajo para volvernos a levantar. Porque mis abuelos vieron guerras pasar, superaron dictaduras, revoluciones y hasta trabajaron en el cañaveral. Porque vi a mi abuela con más de 70 años esforzarse cada día sentada en la máquina de coser, pedaleando para comida a su casa llevar. Porque con casi 90 sigue luchando por su vida continuar. Yo resistiré y alto voy a volar.

El cobrador me dejó justo en la parada de mi casa, llegué bien, sin ningún malestar, tomé mis medicamentos y la historia continuará...

PD: Te amo, te perdono, te agradezco seguir con vida y sé que, con ayuda de Dios, podremos resistir cualquier tempestad.


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