Desahogo
Hola. He estado algo cansada en los últimos días; cansada de todo, honestamente. Con deficiencias de salud que me enojan, si soy sincera, y sabiendo que toda la situación ha sido producto de una serie de maltratos. Es algo no muy cómodo de digerir; por eso he necesitado algo de espacio para procesar todo.
Por eso hoy quiero hablar de las perspectivas. Normalmente hablo del lado positivo y de ser agradecida, pero estoy en una situación en la que me reconozco incapaz de sentir agradecimiento por personas que me han maltratado y tratado mal con sus acciones. Dudo que puedan hacer algo que logre revertir el mal que me han hecho a lo largo de estos años. Entonces considero que, más que intentar forzarme a cambiar de opinión, deberían darme espacio y libertad, porque mientras más intentan obligarme a depender, encajar u obedecer, más lejos los deseo tener. Todo aquello que se obliga tiene fecha de caducidad.
He vivido muchas situaciones, desde perder el acceso a mi cuenta bancaria hasta humillarme al suplicar por dinero para comer o ir al doctor. Por estos actos despreciables tengo opiniones muy fuertes y poco positivas cuando me toca hablar de ciertas personas. Un día me dijeron: “Lo malo que dices de otra persona habla más mal de ti que de esa persona”. En lo personal, no suelo hablar mal de la gente, pero si lo hago, pueden estar seguros de que lo que digo es verdad, más aún cuando lo hago con la intención de expresar un hecho que me dolió y me afectó. Es más una narración de hechos que el deseo de afectar la imagen de alguien más.
Entonces voy a quejarme todo lo que quiera mientras esté expuesta a constantes recordatorios de esos eventos. Aunque haya pasado página e intente avanzar, no voy a tapar el sol con un dedo. Si hoy me siento de cierta forma y deseo expresarlo, lo voy a hacer. Querer juzgarme por contar mi verdad o tratarme mal por decir o escribir lo que pienso es algo sumamente inhumano, más aún cuando al inicio se metieron en mi privacidad, haciendo suposiciones sin ni siquiera conversar el tema directamente conmigo.
He mentido y me he quedado callada en muchas circunstancias para proteger la integridad de muchas personas, en incontables situaciones. Sin embargo, esas mismas personas no dudaron ni un segundo en actuar de forma inhumana por cosas que sabían a medias, sin hablar claramente conmigo cuando violaron mi privacidad. Irónicamente, aún les guardo muchos secretos a muchas de ellas; así que tienen suerte de que no soy igual que ellos.
En su proceso de intromisión en lo que había escrito, borraron algo que me importaba: un escrito que se titula “[insertar cómo empieza] un rincón”. Honestamente no recuerdo qué decía, pero todo lo que estaba en mi cuenta de Wattpad era un recordatorio de que siempre podía sentarme a escribir lo que sentía y desahogarme, aun cuando no tuviera a nadie dispuesto a escuchar y comprender cómo me sentía. Eran públicos porque esa es una app que nunca se me va a olvidar; sin importar las vueltas de la vida, siempre iba a poder descargarla y sentarme a escribir en esa cuenta anónima, donde podía expresar libremente cómo me sentía sin sentir que sería juzgada.
Que se metieran en un lugar muy privado para mí fue muy grave. Todos niegan haberlo hecho, pero no se borró por arte de magia. También sabía que estaban leyendo mis notas del celular o lo que escribía en Docs; por eso llegué a la conclusión de que, si mis textos y mis desgracias serían públicos, entonces quería ser yo quien narrara la historia, quien expresara cómo me sentía y dijera verdades que otros enmascararon para perjudicarme.
No he dicho mucho, honestamente, pero aún con lo que he comentado me siento más cómoda, pues puedo decir libremente lo que pienso por el medio donde me siento cómoda. Fue bastante incómodo que todos hablaran de mis temas financieros, que me recordaran descaradamente momentos que me dolían, buscar ayuda y no recibir el mejor trato, que me hostigaran. Hasta un taxi me dio mil vueltas con una voz familiar hablando sin parar de un robotaxi, cuando yo estaba luchando con todas mis fuerzas por mi estabilidad mental. Me molestaban en todos los aspectos con el fin de verme colapsar.
Pero supongo que para muchos fui una buena comedia, pues los vi sonreír y jugar insinuando cosas, cuando yo solo quería recordar. Luego me creaban situaciones para generar ansiedad: muchos ojitos verdes que vi, o todos los memes que empezaron a publicar, hicieron que fuera sumamente incómodo habitar en las redes sociales. Me sentía como miembro de un circo, cuando no hice nada malo; ser buena persona ha sido mi mayor pecado.
Independientemente de cuál fue el dominó que derrumbó a los demás, nada en esta tierra justifica lo que he tenido que pasar. Jugar con la estabilidad mental de alguien por placer o someter a alguien a todo a lo que me expusieron, sin consentimiento ni explicación, es algo para lo que honestamente no tengo palabras. A veces me pregunto si creyeron que se me iba a olvidar, si planearon hacerme sufrir tanto o si fue algo que, de mal en peor, fue avanzando.
Jugaron mucho con mis temas financieros; sin embargo, su limitado conocimiento no les permitió analizar mis acciones desde un contexto más global. Yo gasto mi dinero en lo que considero prioritario para mí, y nada es más importante que la salud, la cual es física, mental y social. No me arrepiento de ningún peso que haya gastado, pues lo hice conscientemente pensando en mi bienestar. Que no sea como muchas personas súper organizadas financieramente no me hace culpable de un pecado capital.
Mi tema financiero no es algo que me avergüence ni de lo que me arrepienta. Gastar mi dinero en salud, educación, bienestar y canasta básica, creo que es algo más de admirar que de ser motivo de burla. Yo no elegí estar enferma ni todas las situaciones que he tenido que vivir; sin embargo, he hecho lo mejor posible en cada una de ellas, trabajando y esforzándome bastante para poder cumplir. Dios me vio programando mientras lloraba, sintiéndome mal y esforzándome por cubrir todos mis gastos, buscar otros médicos y hacer todo lo que estuviera en mis manos para estar bien.
Sin embargo, fue muy fácil criticarme porque iba al spa a darme un masaje; pero nadie me veía llorar porque me dolía la espalda o el cuello al trabajar. No había nadie cuando la migraña por tensión no me dejaba leer para trabajar bien. Por eso fue muy difícil para mí escuchar comentarios, burlas y ver notas en Instagram con tan poca empatía.
Aunque trate de enfocarme siempre en mí, no es que ignore todo lo que a mi alrededor ha de pasar. He prestado atención a cada detalle, aunque todos lo traten de ignorar, y aunque no necesito respuestas para avanzar, me gustaría escucharlas para entender algunas cosas aún más. De igual forma, lo que sentí y lo que viví nadie lo puede cambiar; por eso dudo que las personas que he sacado —y tengo intenciones de sacar— algún día puedan regresar. Pero deseo conocer la otra cara de la moneda para ver si alguna explicación se les puede adjudicar, pues estoy cansada de ser la persona que crucifican y de la que se burlan por su forma de ser o pensar.
Porque, aunque sé que reconocen mi gran potencial, me han apedreado con todo lo que han podido tirar. Estoy segura de que, si por pecados fuera, tengo las manos más limpias que muchas de las personas que disfrutan ver cómo me he tenido que humillar. Hay un Dios en el cielo que todo lo ve, que conoce mi corazón y mi verdad, al cual clamo para poder salir con vida de este lugar, para mejorar mi salud y para estar lo más lejos posible de personas que honestamente me han lastimado demasiado ya.
Mi abuelo solía decirme: “Me hago el loco, pero no estoy loco”, y honestamente hasta de ignorar uno se empieza a cansar, más aún cuando me ahogaba con la tos sin poder respirar y siguieron con su juego hasta el final, mostrando la misma falta de empatía que cuando estuve en una situación similar por no recordar. Eso me demostró cosas que ni siquiera tengo palabras para explicar. Más aún cuando, sin hogar y preocupada por la tos, intentaron seguir calumniando mi persona para perjudicarme aún más. Ese día, mientras temblaba de miedo y asco, algo en mí se rompió; personas involucionaron delante de mis ojos a tal grado que, como seres humanos, ya no los puedo ver. Como si no lo pudieran empeorar, me humillaron aún más y hasta me fueron a golpear.
Implantaron un sistema de opresión donde, si me quejo por sus maltratos, quieren acusarme de una enfermedad mental, porque ahora reaccionar está mal. Eso no hay dinero en esta tierra que me lo compense; por eso solo deseo recibir mi milagro y salir de ese lugar. Por más que me esfuerce por sanar, la herida siempre va a doler si convivo constantemente con personas cuya mera presencia me lastima.
Por eso, aunque me he esforzado bastante por coserme, necesito irme: deseo vivir en un lugar donde me sienta segura y donde su avaricia no sea más grande que el amor que por mí dicen profesar. Hace unos días me ahogaba con mi saliva al dormir y, si ese hubiese sido mi fin, habría sido muy triste la percepción que me hubiese llevado de muchas de las personas que me rodean al final, pues no hay peor sentimiento que la decepción.
Estoy muy cansada de estar en un constante estado de supervivencia por circunstancias que otras personas en mi vida han colaborado en crear. En lo personal, no me arrepiento de nada de lo que he hecho; estoy muy orgullosa de cada cosa que he logrado. Pero estoy cansada de luchar por avanzar mientras me tiran piedras; eso no es la vida siendo injusta, eso es ser parte de un experimento en el que nunca dije conscientemente que quería participar.
Honestamente espero haber ayudado y seguir ayudando a alguien al compartir mi experiencia y conocimiento, pues la vida es todo menos fácil y el dolor no es cuantificable. Estamos todos en esta selva de cemento intentando vivir la vida de la mejor forma posible. Por eso genuinamente sigo con la fe puesta en mi milagro para salir de aquí. Aunque de forma superficial pueda parecer muy privilegiada —tengo techo, TV, aire, barra de sonido, cama y comida—, como no tengo trabajo, soy libre de pintar, escribir, ver películas o dormir. Esas cosas solo se disfrutan con comodidad, cuando te sientes seguro y a gusto en el lugar. En mi posición es una sala bien amueblada del infierno y nada de lo que hagan para maquillarlo va a cambiar esa realidad.
Salir de aquí, por eso, más que mi mayor anhelo, es una necesidad: volver a empezar y vivir una realidad donde disfrute cada segundo que respire. Pero, en lo que el milagro ocurre, solo me queda dar gracias por lo bueno, por lo malo, por lo que ya se fue y por lo que falta por llegar, hasta que llegue el día en que mi milagro pueda disfrutar. Espero que venga con respuestas, pues me gustaría conocer su lado de la historia.
Me despido con mis canciones del día; la primera es Color Esperanza, de Diego Torres, para que te pintes la cara color esperanza. Porque es mejor perderse que nunca embarcar; la vida cambia y, en uno de esos giros, nuestro sueño se vuelve realidad. Por eso siempre hay que querer que se pueda mientras nos ponemos a remar, rezar y avanzar. Pues, como dijo Celia Cruz, no hay que llorar: la vida es un carnaval; lo más bello es vivir cantando. En mi versión yo lloro por todo, pero me gusta bailar como toda una reina de carnaval, ya que no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo soporte.
PD: Te amo, te perdono y te agradezco seguir con vida.
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