De Vuelta al Mar
Hola! Continuamos con la segunda parte de esta historia, nos quedamos por donde el bus me dejó en la playa y vi lo linda que estaba…
Al llegar a Supclubrd (el lugar donde rento las tablas), saludé a todos, son muy amables. Y se me ocurrió la brillante idea de hacer como Nani en Lilo & Stitch y aplicar a trabajar ahí, ya que no tengo trabajo. Estaría todos los días en el mar, no lo veo como un mal plan. Empecé a reírme sola con aquella idea, mientras solicitaba un salvavidas.
Me dijeron que no me preocupara, que unos chicos iban a salir junto conmigo y que sola no iba a estar. Por eso, aun sin ganas de tirarme fotos, ya que últimamente he perdido cierto interés por capturarme, le pedí a uno de los chicos que me tomara una foto, porque quería capturar el momento exacto donde, a pesar de la enfermedad, volvía a remar.
Y así surgió aquella fotografía, donde tal vez no me veo muy bonita y se expresa el cansancio que arrastro, pues el día anterior fue cuando mi papá me golpeó. Pero esa foto es la muestra de mi resiliencia, por eso sostengo el remo como si una pesa fuera a levantar. Quería llevarme el cel para grabarles lo lindo del lugar, pero empezó a llover y no estaba en condiciones de salud como para arriesgarme, así que lo dejé en la bolsa y corrí a la playa para empezar a remar y perderme en el mar. Quería visitar aquel manglar donde viven las aves que cantan cada vez que cruzo por su hogar, esos pajaritos que me inspiran a más alto querer volar.
Quería ser capaz de llegar a aquel lugar donde en ocasiones pensé que nunca podría volver, así que empecé a remar con la fe de que sí podía llegar. De camino me detuve a bañarme un rato (con mi salvavidas), pues el trayecto lo quería disfrutar. Y tal como me lo propuse, pude llegar y me dije a mí misma: “Este sigue siendo uno de los lugares más hermosos que he podido disfrutar”. Uno de los guías cruzó y me preguntó si estaba bien, y se lo agradecí, pues aunque es un camino que solía hacer con facilidad, las circunstancias eran muy diferentes en la actualidad.
Luego decidí ir al nido de las aves, pues siempre se protegen del viento y al otro extremo las podía encontrar, pero mi tabla se terminó por encallar y fue lo mejor que me pudo pasar, pues me uní a un par de chicos que estaban haciendo la ruta guiada.
El guía, cuyo segundo nombre creo que era Carlos, empezó a hablar sobre el ecosistema, explicando el tipo de aves que viven ahí. Incluso vimos una medusa que no es eléctrica y suele estar en la playa en los veranos, mientras veíamos a un señor explorar con sus gafas la hermosura de ese hábitat, lo cual me hizo reflexionar que debí pagar la ruta guiada cuando inicié con esta actividad, pues es mágico entender cada parte de un ecosistema. El conocimiento te hace valorar las cosas aún más y llamar las cosas con el nombre que les corresponde llevar, pues yo les decía gaviotas a las garzas que siempre iba a visitar.
Incluso la guía grabó el video que me inspiró a escribir “Avanzar en el mar”. Verlo fue aquella pieza clave que unió todas mis ideas como poesía en un solo lugar. Aquella mañana vi cosas tan hermosas, desde una perspectiva tan diferente, que un universo de nuevas ideas y poesía terminó por desbloquear, pues es sorprendente cuántas formas diferentes te puede hablar el mismo lugar, cuando tienes el corazón dispuesto a escuchar.
Por eso, al escuchar atentamente al guía, pude aprender que, si la orilla no puedes ver, a más de un kilómetro tienes que estar. Empecé a extrapolar ese comentario a los sueños que queremos alcanzar, pues muchas veces vemos los pinos altos y creemos que cerca estamos y que es fácil remar, pero cuando iniciamos el viaje comprendemos lo lejos que solíamos estar y el esfuerzo que nos costará llegar.
Por eso, al observar aquella isla de lejos, mientras el guía mencionaba que desde el inicio hasta allá podrían haber 5 km, solo pude apreciar todo lo que remé para poderla visitar y lo fuerte que había sido para llegar hasta allá. Pues no había valorado correctamente la distancia que había recorrido, hasta que me lo dijo alguien más. Y así surgió el poema “Remar”, al observar cómo no podía ver la orilla de aquella isla que había podido visitar.
Luego de ver los manglares volví sola a mi andar, pues quería nadar y disfrutar de la playa. Pero mientras miraba hacia atrás, me di cuenta de todo lo que remé y sin esfuerzo llegué, por eso solo pude susurrar: “Gracias, Dios”. Así que cuando vi que podía estar en el mar y no me sentía congestionada o apretada, me quité el chaleco salvavidas y empecé a nadar con más libertad. Fue tan hermoso abrir los ojos debajo del mar y sentirme libre como pez, mientras la tabla arrastraba con mi andar, que no tengo palabras para poderlo explicar.
Fue en ese momento que recordé que me estaba sacando el aceite que en la cabeza me unté, pues no había tenido la oportunidad, y en ese momento exacto escuché la voz de Dios que me dijo: “Ves, si perseveras triunfarás, mira cómo pudiste volver a nadar”. Y fue así como, con el tiempo cronometrado, pues al mediodía debía regresar, ya que mis medicamentos debía tomar, disfruté de la porción de mi milagro que aquel día me quiso regalar.
Mientras evitaba pensar en que me podría congestionar, nadaba, jugaba con el agua y remaba. Me encontré con 2 personas que me gustaría destacar: un señor chileno que, al saludarlo al pasar, me comentó que él también venía en el mismo bus. Le pregunté si era turista y vino a vacacionar, pero me comentó que vino a visitar y le gustó, así que se quedó, que aprendió a entender la gente, la cultura y que le gusta el lugar. Luego me preguntó de dónde era yo. Le contesté alegremente y con mucho orgullo que soy de acá, pero por alguna razón me dicen que tengo un acento que no logro identificar, lo cual me divierte cuando me lo han de comentar, pues soy dominicana con toda el alma y eso no lo pienso negar. Así, amablemente me despedí del señor y un buen día le fui a desear, mientras yo continué mi andar y disfruté del mar.
Decidí regresar antes a la orilla, pues de mi cuerpo no quería abusar y ya me sentía cansada de remar. Por eso, con el tiempo que me sobró, decidí bañarme en las orillas con libertad, cuando un niño apareció y me gritó: “¡Ay, el agua!” [insertar seña de una persona poniendo la mano sobre su cuello]. Yo estaba tan inmersa en mis pensamientos que le pregunté como 3 veces: “¿Qué?”, pues no entendía a qué se refería. El pobre niño, buscando ser comprendido, me preguntó si hablo inglés. Le comenté que sí, y ahí fue que lo entendí: quería saber la profundidad del agua.
Intuí que quería expandir su zona de exploración y, como todo adulto responsable, le dije que se quedara donde estaba, pues el agua por esas áreas tomaba más profundidad, más aún cuando me dijo que tenía 12 años.
Y le respondí en inglés. Era un niño pequeño, lo cual pareció irritarle, porque dijo con mucho énfasis que no era pequeño, que tenía 12, y me preguntó qué edad tenía yo. Al escuchar que tenía 24, dijo de la forma más divertida y graciosa que he escuchado en mi vida: “¡El Diablo! NO NO NO NO, you are not 24, you are 15”. No pude evitar reírme, porque lo repitió tantas veces como si intentara trolearlo o algo. Me río solo de recordarlo.
Tenía mucho que nadie me hacía reír como aquel niño de Uzbekistán. Le dije en inglés: “Adiós, ten cuidado, niño”, mientras me reía de cómo era tan vieja que pensaba: “¿Dónde estarán los padres de ese niño? No dejaría a mis hijos hablar con extraños en la playa”. Y esas cosas que uno piensa mientras me reía, porque ahorita llega el momento y termino siendo igual que los padres de ese niño y mis hijos serían así de curiosos y conversadores.
Caminaba riéndome sola de lo irónico de la vida, el niño creyendo que tenía 15 y yo preocupada por su seguridad. ¿Cuándo me convertí en adulto?
Luego de regresar a la orilla, me duché, me cambié, me despedí de las personas de Sup y decidí emprender mi viaje de regreso a casa. Lo que viví al regresar lo comentaré mañana en la última parte de esta historia, pero como reflexión final quiero decir que, aunque todos los días no sean buenos, no quiere decir que pequeños milagros no podamos encontrar.
Pues el día de hoy me siento mal, me volvió la tos y la comida se me devolvió una vez más. Por los apagones he estado encerrada en un calor infernal, sintiendo que me ahogo y no puedo respirar. Pero aunque hoy me sienta mal, ha habido días donde he visto cómo casi he vuelto a la normalidad, y el día de la playa todo lo que deseaba era nadar esa media mañana en paz y lo pude lograr. Entonces ese día tuve mi pequeño milagro. Tal vez aún no sea permanente mi sanidad, pero siempre mantendré mi fe de que ese día va a poder llegar.
La vida a veces como una ruleta es: hay vagabundos más sanos que personas que se cuidan por años. Por eso el plan de Dios nunca lo podremos entender, pues no respeta la lógica humana. Por eso solo le pido que me ayude a sanar y le agradezco a mi alergista por todo el apoyo que en este proceso me ha podido brindar, pues en ellos dos está mi fe de que, cuando me recupere y pueda vivir con normalidad, este será solo otro capítulo de las dificultades que he tenido que pasar, mientras sé que vienen tiempos donde alegría, amor y poder voy a cosechar.
Por eso, en lo que ese día llega, sigo remando, rezando y avanzando, para volver esas cosas con las que sueño realidad, pues tengo fe de que tendré salud para poderlas disfrutar. Me despido con mis canciones del día Creeré de Tercer Cielo, porque cuando las circunstancias parecen el mismo infierno, solo nos queda creer que Dios nos puede ayudar, más aún cuando las personas en las que confiábamos nos fueron a decepcionar. Vamos a ponernos los lentes del agradecimiento y escuchemos Milagros de Karol G, porque seguir respirando, es el milagro más grande que cada día podemos disfrutar, así que vamos a disfrutar los días lindos de playa con Calma de Pedro Capó y Farruko.
PD: Te amo, te agradezco seguir con vida y deseo que estes sano y feliz.

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