Soltar
El ser humano pasa por muchas transformaciones en el transcurso de su vida. Algunas son naturales, como la pubertad, la maternidad, la adultez, etc., pero hay otras que son inesperadas y pueden ser sumamente dolorosas, como los colapsos emocionales, los accidentes, las infidelidades, las enfermedades físicas o los proyectos que fracasan, aun cuando todo debía salir bien. Estos son solo algunos ejemplos de las múltiples circunstancias que pueden transformar la forma en que un ser humano percibe su realidad.
Algo que ocurre con mucha frecuencia es que, a veces, no somos conscientes de cómo esos eventos de la vida nos cambiaron, de cómo una parte de nosotros ahora es diferente. Por eso, cuando intentamos retomar nuestra vida en el punto exacto antes de nuestro “big bang” o “evento impactante”, se nos dificulta, porque ya no somos la misma persona. Lo que antes se sentía normal, ahora se siente incómodo; una parte de nosotros ya no encaja y forzarnos a encajar es una falta de respeto a nuestra propia evolución, más aún cuando muchas veces lo hacemos por personas que no han tenido la suficiente empatía como para comprender nuestro cambio, cuando lo único que buscamos es una nueva normalidad que se adapte mejor a nuestra circunstancia.
Por eso es importante que seas honesto contigo, que te reconozcas a ti mismo: dónde sientes que ya no perteneces y dónde te gustaría estar, qué cosas de la vida empezaste a ver diferente, qué entornos te resultan incómodos, aunque valores a las personas que los conforman, qué límites necesitas implementar y qué muros están tan altos que deben derrumbarse, para que puedas abrirte y comunicar mejor cómo te sientes, buscar ayuda o identificar qué deseas crear en esta nueva etapa de tu vida.
Una parte del proceso que siento que poco se comenta y mucho se romantiza, es la decepción que arrastra el soltar. Aceptar la realidad y derrumbar la idea que tenías de aquella persona, evento o cosa no es sencillo, pues no es solo la desilusión: son todas las realidades que imaginaste para el futuro y que tampoco sucederán. Y aunque a veces no sacamos a las personas por completo de nuestra vida, reubicarlas donde por sus actos merecen estar, comoquiera duele. Nadie te explica cómo se siente que esas noches de vinos y risas ya no volverán, o lo nostálgico que es ver fotos viejas o simplemente recordar. Es bastante incómodo llegar a la conclusión de que respetarse a veces significa alejarse. Una vez leí, siendo adolescente, que “irse es la cosa más jodidamente difícil que hay, hasta que lo haces”, y no hay nada más cierto que eso. Por esa razón, muchas veces es mejor retirarse en silencio y ser un misterio, antes que quedarte y permitir que te falten al respeto.
A veces hay personas que no valoran el pedestal en el que por amor los colocamos, y externamente se nos juzga por el simple hecho de amar. Pero poco se habla de cuando esas personas derrumban solas, con sus acciones, aquel pedestal, y nosotros, por tener noble corazón, debemos lidiar con el juicio público y la decepción por alguien que no nos supo valorar. De repente, para todos era evidente, mientras tú vivías en una ilusión de la realidad, intentando comprender de manera racional todas las acciones que a tu alrededor podías observar. Ese es justo el momento en el que debes hacer silencio al caos externo y enfocarte en tu corazón, cuidarlo con amor, reubicar a las personas en el suelo y sacar de tu vida a quienes necesites, sin dudar, pues solo así abres espacio para que personas con mejor corazón y actitudes puedan entrar a tu vida.
Recientemente me hicieron el comentario de que pienso igual a alguien, haciendo enfasis de que eramos iguales y quiero decir que yo pienso como yo misma, pues soy 100% auténtica en mi pensar y actuar. Creo que todos podemos serlo si nos concentramos en nosotros mismos antes que en imitar a otros. Mis vivencias, experiencias e historia son una huella que, para bien o para mal, me han ayudado a construir mi identidad. Es tan única e irrepetible que ni los sonidos de mi risa o mi llanto se pueden imitar, porque expresan lo real de lo vivido: la alegría de haber sido feliz y la tristeza de haber estado destrozada, la felicidad de la victoria y la desilusión de haber perdido. Sé que en mis palabras encontrarán el aprendizaje de muchos, pues le concedo la oportunidad a todo aquel con quien tengo el honor de coincidir de ser mi maestro. Algunos me muestran cómo no quiero actuar y otros me iluminan el camino que debo transitar, ya que el arte de escuchar con humildad te permite crecer y aprender más que cualquier libro que puedas encontrar.
Un día, un conductor de Uber me cuestionó amablemente mi vaga forma de escribir, pues le comenté que escribir era mi manera de desahogarme y muy raras veces volvía a leerlo. De forma muy sabia, me comentó que solía leer cada domingo lo que escribía de su semana y que eso lo ayudaba a mejorar en la siguiente. Le dije que tenía razón y, aunque lo intenté la primera semana, honestamente no era fan de leer mis escritos, me aburría y, en ese momento, no era algo que considerara necesario.
Sin embargo, años más tarde, por las circunstancias de la vida, me di cuenta de que esa era la clave para la encrucijada en la que solía encontrarme. Entonces empecé a pensar cómo podría cautivar mi interés, así se me ocurrió escribir mis vivencias como ficción, y de esa manera surgió el primer cuento que publiqué: La Conejita Trabajadora. Con el tiempo, puedo decir que me convertí en mi escritora favorita.
Personas como aquel taxista son la razón por la que creo que cualquiera te puede enseñar, si estás abierto a escuchar sin juzgar. Recuerdo que me comentó que su hijo había estudiado fuera del país y trabajaba en una empresa importante como informático. En ese momento pensé que me había motivado en mi carrera de informática, pero el tiempo me demostró que estaba abonando mi camino de escritora, el cual, en aquel entonces, no sabía que emprendería. Al terminar el viaje, entré a una actividad que organicé, donde me reuní a pintar mi segundo cuadro, sin saber que me convertiría en artista tampoco.
A veces tenemos muchos talentos, pero nuestro entorno no nos apoya para despegar. Por esa razón, debemos creer en nosotros mismos y saber detectar cuando nuestro valor no es reconocido, porque a veces es necesario volver a comenzar, soltar todo aquello que nos minimiza y poner la mirada en el futuro, pues mirar atrás solo llenará de lodo tus pies. El pasado se entiende, se sana y se perdona, pero no se carga. Muchas veces necesitamos crear un nuevo capítulo en nuestra vida que nos permita crecer sanamente en libertad, con personas que estén dispuestas a apoyarnos con amor y sin juzgar. Porque hay luchas cuyo esfuerzo solo debilita nuestro enfoque de lo que realmente importa en la vida. Por eso, aun con las decepciones, necesitamos soltar, limpiar y animarnos a avanzar.
Lo digo por experiencia: cuando el dinero salía de mi bolsillo, a nadie le importaba cómo estaba mi salud, y hasta era un chiste familiar. Pero ahora que les toca pagar, por las circunstancias difíciles que he tenido que enfrentar, he escuchado comentarios en los que hasta han insinuado que “me estoy haciendo la más enferma de la cuenta”, cuando solo Dios ve cómo de dolor me he tenido que revolcar y cómo, con la tos, he sentido que me voy a ahogar. Pero hay saliva que no es necesaria gastar. Por eso trato de ignorar ciertos comentarios, pues hay un Dios que ve y entiende que cada cuerpo es diferente y reacciona de manera distinta a cualquier enfermedad. El dolor no es cuantificable, y por lo que tú no sufriste, yo puedo durar en cama tres días sin poderme levantar, y viceversa. Así como cada cabeza es un mundo, cada cuerpo se comporta distinto, y ese es un concepto tan simple que, por la poca empatía, muchos no logran asimilar.
El mismo lugar puede traer felicidad a algunos, tristeza o nostalgia a otros, mientras que para un grupo puede ser un lugar neutral. Un ejemplo puede ser un hospital: para la persona A es un lugar feliz, pues ahí tuvo a su primer bebé y su nacimiento está entre los días más felices de su vida; para la persona B es un lugar neutral, va a chequeos de rutina cada año con un doctor que aprecia; mientras que para la persona C es un lugar de dolor, porque ha sufrido tanto ahí que incluso ha estado en la sala de espera de la morgue y, aunque hizo las paces con lo vivido, prefiere no volverlo a visitar. Este ejemplo es aplicable a muchas cosas, pero en cualquier caso nos invita a reflexionar sobre la empatía que debemos tener con los demás. Uno nunca sabe lo que el otro ha tenido que pasar. Si alguien comenta que no quiere hacer algo, deberíamos escuchar su historia antes de juzgar.
Por eso, aun cuando te juzguen sin escuchar, debes honrarte a ti y ser fiel a tu verdad, blindarte de amor y tener fe en que hay un Dios que todo lo ve y que nada oculto permanecerá para siempre. Todos los días estás dando pequeños pasos que, aunque muchos no comprendan, te ayudan a construir tu propio camino, uno tan tuyo que será como el zapato de Cenicienta: aunque muchos se lo midan, solo a ti te quedará. Y aunque tuviste que soltar para poder llegar, sé que podrás encontrar esa tribu que se vuelva tu familia y quiera verte brillar, en vez de meterte el pie para verte rodar. Y cuando llegue ese momento en el que las personas a tu alrededor estén libres de envidia y, con amor, te quieran cuidar, vas a agradecer haber soltado y reubicado con amor a todas esas personas que no te supieron valorar.
Me despido con mi canción de hoy: The climb, de Miley Cyrus, y Rise, de Katy Perry. Estas canciones me confortan y me han dado palabras de aliento cuando lo he necesitado. Me motivan a seguir adelante, a no dudar, porque la victoria está en mis venas, sin importar todas las montañas que la vida me presente. Si Dios está contigo, nadie ni nada estará contra ti. Cede tus cargas a Dios y enfócate, que tu alma siempre encontrará el camino para volver a brillar. A continuacion adjuntare 3 cartas, con mis afirmaciones y reflexiones del dia:
Quiero decirte que, si has vivido algo de esto, como dice la carta, no estás solo; tienes una tribu de sufridos en esta experiencia colectiva que llamamos vida. Sin embargo, debes estar consciente de que el dolor no es cuantificable y las circunstancias nunca son iguales para todo el mundo. Trátate con amor y paciencia, no compares tu proceso con el de alguien más, pues es a ti a quien le duele y tú sabes las razones por las cuales lo sufres de esa manera. Sé empático contigo, trátate con amor y hazte el sordo a aquellos juicios que hacen daño, disfrazados de ayuda. Debes ser observador para identificar qué consejo sí te aporta y cuál solo busca dejarte más tiempo estancado en el lodo.
Todos somos iguales a la hora de sentir, todos nos enamoramos y todos sufrimos por amor. Así como la gripe no mira clases sociales, raza o religión para enfermar a alguien, creo que tampoco deberíamos discriminar para las cosas bonitas de la vida, como crear una nueva amistad, por ejemplo. Sin embargo, que estés herido no justifica que busques herirme a mí también. Puedo empatizar con tu situación, pero no tolerar que me hagas daño. Las heridas de otra persona no se tocan.
Esta es mi carta favorita, la repito muchas veces en mi cabeza. Me ha salvado de llorar en incontables ocasiones y, como plus, me ayuda a respirar mejor.
Compré este cuadro en un pequeño bazar de artesanos en un mall de mi ciudad. Lo puse en mi mesa de maquillaje, pues es un eterno recordatorio de uno de mis más grandes anhelos actualmente: ser libre. Ya que todo lugar del que no puedes escapar con libertad es una prisión, por más bonito y cómodo que sea. Por eso deseo, para mí y para ti, la libertad.
PD: Te amo, te perdono, te agradezco seguir con vida y, sin importar el lugar en el que te encuentres, sé que Dios está contigo en la circunstancias que estás pasando. Te envío un autoabrazo y te deseo mucho amor y felicidad.
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Hola me identifico. En gran parte con tu relato. O tus escritos y estoy completamente de acuerdo. Y créeme que me solarizo contigo. Y. Si también eres mi. Escritora favorita me gustan tus libros o los que e podido leer excelente y si eres ina gtan heroína y estoy sumamente orgullosa. De lo fuerte que eres estoy aquí. Puedes contar conmigo 🥰😘🥰
ResponderEliminarMe identifico con tu primera carta
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