Niña Interior
Soy apasionada de los lugares ecológicos, para mí estar rodeada de naturaleza posee una magia y energía que revitaliza, mientras los hermosos paisajes me alimentan el alma. Sin embargo, me la pasaba soñando sola, porque mi exnovio no se esforzaba lo más mínimo por acompañarme a nada. Pero como para soñadora e ilusionada pueden contratarme, siempre buscaba lugares y proponía viajes, con la esperanza de que alguno se volviera realidad. Un día me apareció la publicidad de un hotel en las montañas de Barahona, que me dejó sin aliento, es como cuando algo dentro de ti te dice que debes ir a ese lugar. Tenían casas en los árboles, cascadas… parecía sacado de un cuento de hadas. Pero, al igual que mis otros intentos por hacer cosas en pareja, fracasó.
Soy de las personas que, si no quieres hacer algo conmigo, busco la forma de hacerlo sola, porque no voy a limitar mis experiencias por nadie. Pero ese lugar estaba en una zona muy poco accesible para llegar por mi cuenta, así que no me quedó de otra que resignarme. Sin embargo, lo que está destinado para ti busca la forma de encontrarte, porque un día una influencer a la que seguía en Instagram publicó un retiro de mujeres en ese lugar, que prometía buena compañía y una gran experiencia.
Había visto a su creadora en Instagram, pero más del lado de moda y línea de ropa. Del retiro solo sabía lo que vi en videos, no sabía con qué me iba a encontrar, pero con cumplirme el sueño de ir a aquel lugar, yo estaba paga. Sin embargo, el lado humano y la transformación personal que sufrí en esos 3 días no puedo ni siquiera explicarla. Escuchar todos los testimonios de mujeres resilientes, que a pesar de lo difícil de la vida habían salido adelante, hablando de forma tan sincera, compartiendo su lado más vulnerable, fue algo impactante para mí. Nunca había estado en un lugar con tanta sororidad.
En aquel fin de semana me tocó sacar a jugar a mi niña interior, pero al hacerlo también traje a la luz todas las heridas que arrastraba desde la infancia, que ni siquiera me reconocía a mí misma que las tenía. Y estaba muy enojada, no voy a negarlo. Incluso llegué a expresar que había resuelto mi conflicto con Dios, porque había estado enojada con Él también. Ese era el sentimiento que más predominaba en esos días, por haber tenido que asumir responsabilidades de adulto a muy temprana edad, entre otras cosas no muy gratas que me tocó vivir.
Sin embargo, por un lado estaba feliz y agradecida de la experiencia extraordinaria que no había vivido antes, pero, por el otro, estaba procesando de manera interna todo lo que mi alma quería curar. Por esta razón lloré mucho en las actividades, algunas veces de tristeza y otras de alegría. En una ocasión tuvimos que pintar los sentimientos sobre nuestra infancia y, como yo estaba enojada y frustrada, pero a pesar de eso tenía buenos recuerdos, pinté con las manos, tiré brochazos, arrastré hojas… Hice todo lo que sentí hacer para expresar cómo me sentía al respecto. Y así surgió mi primer cuadro, el cual titulé “Enojo”.
Experimente tantas emociones ese fin de semana, que es difícil expresarlo con palabras, pero una de las cosas más lindas que sentí, fue a Dios muy cerca de mí, recordando que había sembrado muchos sueños lindos en mí, que debía arriesgarme y salir a cumplirlos, porque, aunque no lo viera, siempre iba a estar cuidando mis pasos. Una muestra de esto, fue que en la actividad de river tubing, iba tan enamorada de lo hermoso que es estar en la naturaleza, que no me di ni cuenta de que mi tubo se había desprendido de los de mi grupo, y fue en ese momento cuando Dios me dijo: aun cuando creas que no tienes control y te arrastre la corriente, vas a estar a salvo porque yo estoy contigo. Además Al final del retiro, una de mis compañeras de habitación, la cual había asistido por una situación similar a la mía, empezó a cantar Se necesita uno que sueñe, y empecé a llorar, porque Dios me dijo: no son tus pensamientos, es mi voz, y si necesitas ver para creer, aquí te muestro la prueba. Ese ha sido el momento más espiritual y armonioso que he vivido.
De regreso a Santo Domingo, realizamos una actividad donde expresamos qué personas habían marcado nuestros corazones, y aunque tal vez no recuerde la cara de todas, sus historias de resiliencia, perseverancia y amor fueron gasolina para motivarme a limpiar mis heridas y esforzarme por sanar. Porque en ese círculo vi mujeres contar experiencias muy difíciles para cualquier ser humano, y ver a las personas extraordinarias que son hoy en día y cómo lo superaron, es un recuerdo de resiliencia que siempre guardaré en mi corazón. Así como aquellas que contaron cosas muy felices y bonitas de su vida e infancia, que me ayudaron a comprender otra realidad y a desaprender muchas normalidades que eran tóxicas en mi vida. Esta fue una experiencia que me recordó que, cuando estás dispuesto a aprender y mejorar, solo con permitirte escuchar, sin juzgar, grandes maestros en esta vida puedes encontrar.
Recuerdo que, al regresar a casa, decidí empezar a poner la pasión como prioridad y salir a buscar esos sueños que mi alma anhelaba encontrar. Me esforcé y tuve la oportunidad de viajar, visitar lugares donde al leer los solía imaginar, y lo más cerca que había estado era cuando vi la película del libro en la TV. Pero por creer en mí, cumplí sueños que creía tan irreales, como estar en grandes museos de arte, donde mi pasión por pintar latía tanto en mi corazón que regresé a mi país con las ganas de mi sueño de ser artista, volver realidad. Y al vivir tantas experiencias hermosas, conocer tantas realidades, convivir con personas de diferentes culturas, se nutrió tanto mi mente que hizo que el sueño de escribir un libro también se quisiera materializar.
Porque, si somos realistas, era más fácil sentarme a escribir un libro que ir a conocer países de Europa, considerando los recursos y el dinero que requiere uno y otro. Lo lindo de cumplir un sueño es que te da energía para cumplir muchos más, porque te hace creer que, si tienes fe en ti, todo es posible. Por eso, justamente hace un año, intentaba encontrar sobre qué quería escribir, qué se sentía lo suficientemente auténtico como para ser el tema de mi libro. Y como soy una romántica empedernida, se me ocurrió escribir una novela de amor. Si soy sincera, tenía un porcentaje de experimento social, por mis leves sospechas de que un intruso en mis escritos podía encontrar, y nunca me hubiese imaginado los eventos que esto desencadenaría. Pero ahora, al leerlo, con amor lo logro recordar, pues encontré un fragmento que decía:
“Una vez leí en A través de mi ventana que lo difícil de escribir una novela no eran las técnicas de escritura, sino tener la valentía de contar tu historia, ese miedo que se siente al verse vulnerable al exponer tus miedos y momentos más oscuros al mundo. Pero sin esos momentos no serían las personas que todos admiran al sol de hoy. Así que decidí...”
Y al volverlo a leer un año después, lamento no haber escrito qué decidí y dejarlo de manera tan abierta, pero me alegra ver que la mujer del presente encontró el coraje de contar su historia. Que venció el miedo de ser vulnerable, que con orgullo le mostró al mundo cómo abrazó todas sus sombras y venció sus miedos, brillando con luz propia. Por eso me siento demasiado orgullosa de la mujer en la que me convertí: un año más tarde, soy más sabia, más fuerte, encontré mi voz, reconocí talentos como el de rimar, que hasta a mí misma me sorprenden, y escribí un libro que llena de alegría y orgullo mi alma y corazón.
Así que les voy a mostrar lo que escribí hace un año, solo que modifiqué el final, porque ese escrito nunca tuvo la intención de ser público, por lo menos, no por mí. Hace unos días escribí sobre mi hábito de reimaginar los finales cuando no me gustan o son muy tristes, y mencioné que había reescrito el de mi cuento favorito El ruiseñor y la rosa. Pues hoy se los voy a mostrar. Fue mi intento más ingenuo de escribir romance con algo de ficción y es cortito, espero les guste. Y quién sabe, quizá me anime y algún día escriba esa gran historia de amor, aunque, basado en que me inspiró en mis experiencias, Diosito debe ayudarme ahí.
Escribí lo siguiente:
Miré hacia adelante y vi a este chico acercarse a mí, con una sonrisa pícara y una flor en la mano. No pude evitar sonreír cuando lo tuve de frente.
Me miró con ternura y me comentó:
—Un pajarito me dijo que, si te daba una rosa, bailarías conmigo toda la noche.
Al escucharlo citar mi cuento favorito de Oscar Wilde, me sonrojé y le pregunté:
—¿Por qué trajiste una rosa blanca y no hiciste caso al ruiseñor?
Él me respondió que le explicó al pájaro que el amor no era caprichoso, que no debía sacrificarse por una flor, ya que la joven que a él le gustaba prefería la rosa dibujada en un papel por alguien con dotes artísticos iguales a los de un bebé, si eso suponía seguir escuchando las hermosas canciones de un ruiseñor.
Su respuesta me conmovió, ya que siempre pensé que, si hubiese sido la chica de la historia, el final habría sido otro, y él me había regalado ese final feliz.
Así que le respondí:
—Bailaría contigo la vida entera, si bondad, amor, lealtad, gratitud, respeto y empatía en tu corazón puedo encontrar.
Él me miró fijo a los ojos y contestó:
—No sé cómo demostrarlo con un baile, pero me voy a esforzar cada día para cuidarte y ser el hombre que mereces tener en tu vida, porque si de algo estoy seguro, es que te quiero en la mía, eres el regalo que le pedí a Dios.
Entonces me rodeó la cintura con suavidad y, mientras sonaba Perfect, de Ed Sheeran, comenzamos a bailar. Y en ese instante, sentí que el universo se detenía, que el amor podía escribirse de nuevo, que los finales no estaban destinados a la tragedia, sino a las segundas oportunidades.
Chat GPT mejoró el final como si leyera mentes, cuando intenté usarlo de corrector de ortografía (por la dislexia), porque yo iba a terminarlo en “Me agarró por la cintura y bailamos Perfect, de Ed Sheeran…”. Es la primera vez que uso algo generado por IA en un escrito, me gusta que sea totalmente original, pero tal vez ese sea el inicio de una gran novela o solo aquel borrador que me encaminó a cumplir el sueño de escribir un libro. Cualquiera de las dos está bien, pues lo importante es siempre intentarlo.
Voy a adjuntar la foto de mi primer cuadro también. Se lo regalé a mis padres y lo tiraron en un armario donde nadie lo veía, pero como para mí es de mucho valor, lo rescaté y ahora lo exhibo junto a los demás. Hoy, mi mamá desea que le pinte algo, cuando en un inicio menospreció y no motivó mis talentos. Por desgracia, esto es común en la vida, y justo esa es la razón por la cual relato esta anécdota: para decirte que, como el del sueño eres tú y quien tiene la visión eres tú, no importa lo que comenten o menosprecien de tu trabajo; la única persona cuya opinión debe importar a la hora de sentirte satisfecho con el resultado es la tuya. Porque solo tú sabes lo que te costó, el amor, la dedicación y el esfuerzo que le pusiste para lograrlo. Solo tú y Dios estaban ahí; es tu responsabilidad valorarlo y respetarlo, aun cuando nadie más lo hace.
Ya les regalé dos canciones, pero hoy ando muy inspirada, así que dejaré tres más: Alegría de Tiago PZK, Anitta, Emilia, para que nunca olvides que un corazón lleno de alegría es la clave para ver el mundo con otra perspectiva. La segunda es Ellos Vienen, Ellos van de La Perversa y Loco Prieto, porque las personas que te critican vienen y van; lo único que debe ser constante es tu trabajo y talento. Ten paciencia, que como dijo Juan Luis Guerra: Todo Tiene Su Hora. Así que saca cinco minutos y baila un ratico, que todo tiene su tiempo, debajo del cielo.


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