Cosas que llamo hogar

Hay días donde puedes con el mundo y otros donde el mundo puede contigo, ayer fue uno de esos días donde dije "Dios, soy humana, también me canso de ser tu mejor guerrero, sácame de aquí, por favor", porque honestamente tenía un dolor insoportable, no tenía electricidad y entre estar doblada por el malestar, sin fuerzas para cocinar y sin dinero para pedir comida, es incomodo, solo me quedó respirar profundo, intentar mantenerme calmada y refugiarme en esas cosas que son hogar para mí, así que me puse a leer y dibujar, en los momentos donde menguaba un poco el agudo dolor, entre una cosa y la otra terminé reflexionando lo siguiente:

Primero, que considero injusta la forma en la que muchas personas se expresan y quieren tratarte cuando estás en medio de una situación complicada o un problema, con comentarios como "Eres responsable de tus actos", "Debes avanzar", entre otras cosas..., y aunque no deja de ser cierto, que debo responsabilizarme de mis actos, y siempre lo he hecho, poco se habla de las acciones de las personas que me pusieron en esa circunstancia donde no tuve más opción, que actuar de la forma que lo hice, entonces no veo justo que yo deba cargar con todo el peso de conciencia de las circunstancias que estoy viviendo, cuando hice lo mejor que pude, con lo que tenía en las manos.

He escuchado cosas como que no puedo quedarme estancada en el pasado y que debo preocuparme por el presente y futuro, lo cual también es cierto, sin embargo, del pasado, los errores y el fracaso se aprende, déjame sufrir mi duelo y aprender tranquila de lo que me pasó, pero también ayúdame a avanzar desde una posición empática y humana, ¿cómo? pues validando todos los elementos de la escena, ponte en mis zapatos, piensa qué habrías hecho si fueras tú quien sufriera el dolor, a quien le hubiesen pasado todos esos eventos de forma simultánea y cuando conectes con mi duelo, puedes darme soluciones desde tu lado humano, que me ayuden genuinamente a mejorar.

He visto personas decirme cosas como si su corazón fuera de lata, por eso si algo le agradezco a Dios, es de mi inteligencia emocional, porque de lo contrario, estaría culpándome de nuevo, en vez de validar mi lucha y entender, que auque mi salud empeoró, hice todo lo que pude, con lo que tenía en mis manos y me fallaron muchas personas, incluso muchos médicos, que me dejaron terminar en esta situación tan delicada de salud,  sin embargo, yo no me fallé, busqué ayuda, pero no supieron o no quisieron ayudarme a tiempo. En cualquiera de las 2, todos los médicos que vi, que básicamente me dejaron empeorar al punto de no poder respirar, me deben una disculpa a mí y a Dios, porque le fallaron a su juramento.

Lo segundo que reflexionaba, lo hice mintras leía, ya que hay libros que para mí son hogar, de una forma u otra siempre vuelvo a ellos y entre las cosas que vuelvo a releer, están los cuentos de Oscar Wilde, son de mis favoritos, sin embargo, me pasa algo curioso, aunque los he leído todos muchas veces, todos se me vuelven a olvidar, a excepción del Ruiseñor y la Rosa Roja (mi favorito), pero los demás son nuevos para mí, cada vez que me los vuelvo a encontrar. Como me sentía muy mal, busqué mi libro de cuentos (digital), para hacerme sentir un poquito mejor, el libro que tenía descargado era "El príncipe feliz y otros cuentos".

Empecé mi lectura con El Príncipe Feliz (el primero que encontré), que si no lo has leído, vale 100% la pena, amo leer a Wilde, voy a hacer spoiler de qué trata el cuento, así que si quieres leerlo, puedes hacer click aquí y luego regresa a leer mi reflexión. He leído este cuento muchas veces y lo vuelvo a recordar, luego de volverlo a leer, y aunque todas las veces anteriores lo había considerado una pieza perfecta de la literatura, siempre he tenido ciertas diferencias de pensamiento, en cómo describe las sociedades, un ejemplo de esto y que me perdone Oscar Wilde en su tumba, es que reescribí el final del cuento del Ruiseñor y la Rosa Roja, porque basada en mi experiencia, soy una mujer que sí hubiese aceptado felizmente la flor o no hubiese pedido nada, con tal de salvarle la vida al pajarito.

Sin embargo, el diablo no sabe por diablo, sabe por viejo, y a raíz de los golpes de la vida, ha llegado el punto en mi vida, donde estoy parcialmente de acuerdo con Wilde, lo cual me molesta bastante y me divierte al mismo tiempo. Por un lado difiero en la banalidad de las sociedades, porque que vivas en una burbuja no te hace ser banal o avaro, significa que hay realidades de miseria que no te afectan y eso está bien. Soy fiel creyente de que la felicidad está en la ignorancia. Sin embargo, quiero analizar en esta ocasión el egoísmo del Príncipe Feliz, vivió y murió, con buen corazón, solo que rodeado de tantos lujos y comodidades siempre fue feliz, pero al morir, le hicieron una estatua y la pusieron en un lugar tan alto de la ciudad, que ahora podía ver todas las desgracias de su pueblo, la culpa de no haber podido hacer nada en vida atormentaban de tristeza su corazón de plomo y se encontró una linda golondrina que por buscar el amor, se había quedado detrás e intentaba alcanzar a sus amigas en Egipto, donde hacía calor e iba a ser feliz, la cual por su buen corazón, decidió ayudar a la estatua una noche, desprendiéndole un rubí, para llevárselo a las personas pobres de su pueblo.

El príncipe aunque tenía buenas intenciones, era sumamente egoísta, porque cegado por la culpa y su deseo de querer ayudar, convenció a la golondrina noche tras noche a quedarse, cuando ella era pequeña e indefensa y no iba a poder resistir el frío, y él ya estaba en teoría muerto, había vivido y disfrutado su vida. Pero el corazón de la golondrina era tan noble, que cuando él se había desprendido hasta de sus ojos, para ayudar a los pobres, ella decidió hacerle compañía por siempre, relatarle todo lo que había visto en sus viajes y lo que pasaba en la ciudad, hasta que el frío le afectó tanto que tuvo que despedirse y decirle que iría a la muerte, la cual era amiga del sueño, que le permitiera darle un beso, para que él le respondiera que la amaba, que besara sus labios y la golondrina cayera muerta luego de besarlo y el corazón se le rompiera a la estatua.

Entonces, ¿por qué esta sociedad explota a las personas con buen corazón? Porque entienden que deben tener más maldad en vez de cuidar su bondad. ¿Por qué ese cuento se escribió en 1888 y en la actualidad no hemos cambiado en nada? Me siento tan identificada con Wilde, porque al final del cuento relata que Dios le pidió a sus ángeles que buscaran las dos cosas más preciosas de esa ciudad, y le llevaron el corazón de la estatua y el cuerpo de la golondrina, y Él los puso a descansar en los hermosos jardines del cielo. Soy fiel creyente del descanso eterno luego de la muerte, pero ¿por qué esa debe ser la única esperanza de las personas con buen corazón? ¿Por qué en vida no pueden vivir felices y tener finales que motiven a otros a seguir soñando?

Por eso que me perdone Wilde, pero me he visto en la obligación de reescribirle otro final a esa pobre golondrina también, al igual que hice con el ruiseñor, porque aunque su destino al cielo es seguro, se merecía disfrutar más su vida. Así que la versión de Nayeli va así:

Luego de que la estatua se quedara sin ojos para ver, la golondrina se ofreció a quedarse con él para siempre, pero el príncipe respondió:

—Oh, hermosa Golondrina, eres joven aún. Mi vida ya tuve el placer de disfrutar. Vuela a Egipto y sé muy feliz. Ya que no puedo ver, y aunque lo veas como algo negativo, para mí es un regalo, pues la ignorancia me volverá a conceder la felicidad. El saber que algunas vidas pude mejorar le ha otorgado a mi corazón la paz.

—Aunque muera de frío, no te quiero abandonar. Me quedaré a tu lado y todos mis viajes te voy a narrar...

—Te amo, y por eso no puedo permitir que te sacrifiques más. Amar también es cuidar. Amada mía, gracias por traer a mi corazón la paz. Detrás del palacio hay un aviario; su cuidador lo conozco desde hace mucho tiempo. Si decides pasar el invierno aquí, él te recibirá y cuidará de ti. Pero si decides migrar, te deseo suerte en tu volar y la felicidad.

—Si tuviera que partir, a Egipto me fuera a dirigir, para poder reír con las flores de loto y del sol volver a disfrutar, pues este frío poco lo puedo tolerar.

—Es tu decisión lo que quieras realizar. Solo te pido un último favor... ¿podrías mis labios besar?

La golondrina voló hasta la boca del príncipe feliz, y al besarlo, él sonrió aún más y le susurró "gracias por darme la libertad", antes de escuchar como su corazón de plomo estallara y ella llena de confusión y tristeza, decidiera emprender su vuelo a Egipto, pues ya le resultaba triste esa ciudad. Con miedo emprendió su viaje, pero no sabía que Dios había enviado ángeles a acompañarla, para que encontrara a sus amigas y pudiera su vida disfrutar, tal vez algún día encontrara algún pajarito que al igual que aquella estatua la fuera a amar y sonreía al recordar que el príncipe feliz siempre estaría animándola y deseándote lo mejor cada vez que al cielo, fuera a mirar.

Ese es el final que me gusta leer e imaginar, porque creo que es momento de cuidar a las personas con un noble corazón, para que disfruten en vida las cosas lindas y no solo las partes crueles de la maldad humana. Además, por más difícil que sea la realidad, siempre tenemos la imaginación y los libros para escapar, te lo dice alguien que escribe esto con dolor en el pecho y profunda decepción por la incompetencia de muchos profesionales de la salud. Me despido con mis canciones del día: la primera es Se me va la vida de Aljadaqui, porque sé que, al igual que a mí, a muchos se nos va la vida lidiando con circunstancias que no podemos controlar. Por eso, a pesar de las dificultades, yo trato de reír, bailar, imaginar mejores finales; incluso hasta diseñé un lindo enterizo de fiesta mientras agonizaba de dolor (dibujar me da paz). Y en la noche, cuando me empecé a sentir mejor, avancé mi cuadro con un aura un chin oscura, por la frustración del día, aunque ironicamente, en ese momento era muy feliz pintando. Les dejaré abajo las fotos y me despido con Vivir mi vida de Marc Anthony, porque el presente es un regalo y siempre tenemos algo que agradecer y por lo que vivir.

Encontré este dibujo a medias, mientras me revolcaba de dolor, y decidí pintarle un lindo outfit y darme un autoabrazo. Este hábito de pintar muñequitas lo tengo desde que tengo uso de razón, y es una de las cosas que llamo hogar, esas que te teletransportan a un lugar que se siente seguro.


Esta fue la parte de mi cuadro que avancé cuando me empecé a sentir mejor, está inspirado en un poema que se titula La mujer del espejo Y ayer me tocó verme al espejo, con todo el dolor que sentía y animarme, por eso le puse una curita a mi cuadro, con la que me gustaría curarme magicamente a mí y me senté a pintar. Porque tal vez no pueda cambiar mi estado de salud, pero sí puedo buscarle la vuelta a mi estado de ánimo y hacer cosas que me hagan feliz. 

PD: Te amo, te agradezco seguir con vida, te perdono y creo que puedes ser feliz. 





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